El Carnaval es una de las fiestas más populares de Canarias, pero también es una de las de origen más complejo y discutido. Se cree que datan del siglo IX, de las fiestas romanas: Saturnalia, Lupercalia y Matronalia.
Los carnavales comienzan después de dos fechas estrechamente relacionadas con la purificación: San Antonio Abad, el 17 de enero, y la Virgen de la Candelaria, el 2 de febrero. El período de carnaval suele asociarse a los días que anteceden a la Cuaresma, pero las fechas de comienzo y finalización son variables, según los municipios, y no siempre acaba los miércoles de ceniza, ya que en muchas ocasiones se prolonga algo más.
Las fiestas de invierno simbolizan siempre la muerte de la sociedad y su resurrección. El frío y la oscuridad se ritualiza en Canarias con determinados símbolos que permiten la trastocación de jerarquías y valores sociales: se provocan ruidos producidos con cacharros, latas y tablas, se quema al Judas y aparece la máscara. Con todo ello se intenta expulsar las tinieblas y las situaciones marginales.