Los redactores de Canarias7 se visten de Carnaval y, entre mascaritas y marabúes, escriben este blog carnavalero con sus experiencias y pareceres.
D.G.M.
Las Palmas de Gran Canaria
Era la primera vez que acudía a la cita, y como siempre llegaba tarde. Fueron las prisas de comprarse el disfraz a última hora y rebuscar entre los armarios de casa para encontrar algún accesorio divertido del que poder prescindir.
El terror nos invadió al encontrar el parque San Telmo vacío, algún rastro de polvo blanco quedaba en la acera, aunque la impresión general era de haberse acabado todo hacía tiempo. Aceleramos el paso, la espera a que el semáforo cambiara a verde para poder alcanzar Triana se hizo interminable, pero una vez enfilamos la calle comenzamos a verlo todo blanco.
Primero vimos a la gente que, como nosotras trataba de alcanzar la comitiva, luego el grueso del pelotón que saltaba y bailaba, que agitaba sus botes de talco y llenaba el lugar de una niebla olorosa. Por último llegó la música de la banda, y toda la escena cobró sentido.
Ni cortas ni perezosas desenvainamos nuestros botes, agarramos con fuerza los gorros que el viento quería robarnos y hechamos a andar alegremente hasta el grupo. La banda avanzaba lentamente porque los músicos estaban rodeados; interpretaban las canciones populares y, en ningún momento dejaron de sonar, pues enganchaban una con otra. Y claro, nos llenamos del ambiente divertido y del polvo hasta las orejas.
La gente era de todas las edades, incluso diría que de todas las religiones y algún político quiso participar. El ambiente me recordó a los antiguos mogollones de la ciudad. Esos en los que encontrabas gente disfrazada y con ganas de gastar alguna broma desde el momento en que salías de casa. Esos en los que no había macro-terrazas sino chiringos de los institutos, de las facultades, y la riada de gente llegaba desde Mesa y López, hasta el Parque Santa Catalina de forma fluída. Esos en los que jóvenes y mayores compartían espacios; y no había peleas generalizadas.
Ha habido polémica con la isla de La Palma por importar su tradicional fiesta carnavalera a la capital grancanaria. Con todo el respeto para ellos, y teniendo en cuenta que ya se eliminó del programa oficial del Carnaval; por favor, ¡no me quiten esta fiesta!
Drag "Palmera Chamanera busca Picudo Rojo"
Las Palmas de Gran Canaria
Pero este año y guiada por el entusiasmo del experto de la redacción en carnestolendas y otros estropicios, Javier Darriba, me he pensado lo de echarme a la calle de nuevo. Y hasta he llegado al punto de proponerle que creemos una fantasía colectiva para la redacción: uno de picudo rojo, por ejemplo, con una corte de ácaros pegadita a las alas. O un socavón de Belén María, con un par de camioneros a la vera y enchumbadito con olor a pescado y refinería.
Antes era un poquito más parrandera, pero los carnavales luzardos me matan las ganas de pisar la calle.
Confieso que la última vez que sufrí un acto carnavalero casi muero de aburrimiento y "pelete" en una de las fases de un concurso de murgas infumable. Que la última vez que sufrí una salida carnavalera, deserté a mitad de cola para entrar en una terraza, hartita de la vida. Y que la última vez que expresé mi opinión sobre el carnaval, dirigí un educado correo electrónico a García Bolta felicitándole cordialmente por el homicidio del carnaval callejero, bullanguero y loco que conocí en mis años mozos.
Sin embargo ... he pensado que quizás haya que darle una oportunidad a la cosa.
Calzarse la caperuza de picudo rojo y pegarse a una palmera. O proponer un paso alternativo de la Virgen del Carmen, con la redacción ejerciendo de Isleta costalera debajo, animando el mogollón en cuesta. O trasmutarnos en Dedo de Dios fragmentado y submarino, colilla botada en la puerta de un centro de trabajo, pasajero perdido en la T4, etc. etc. etc.
Arriesgarnos a ensoparnos con la lluvia y compartir chiringuito con bandas de chandaleros buscando totizo que escachar, perdernos entre el plumerío de una comparsa y amanecer, varados como una colonia de zifios desorientados en Feluco, con la ecolocalización inutilizada a cubatas.