La Ciudad de Telde y la noche mágica de San Juan
Por Antonio Mª González Padrón
Cronista Oficial de la Ciudad de Telde
Director de la Casa-Museo León y Castillo
Aunque la fundación efectiva de nuestra ciudad data de la segunda mitad del siglo XIV, y se deriva de la Bula Coelestis Rex Regum de 1351, nuestra refundación tuvo lugar en la primavera - verano de 1483 por varios capitanes de la Real Hermandad de Caballeros de Andalucía, entre los que se encontraba, Cristóbal García del Castillo, un moguereño que después de lograr la victoria de las armas castellanas, se asentó en la Vega Mayor teldense para levantar casa, ingenios azucareros, y poner en cultivo un buen número de fanegas de la mejor tierra que existía en Gran Canaria.
Sus barcos llevaron los azucares teldenses a Sevilla, Palos, Moguer, Amberes, y otras tantas ciudades europeas. Este rico comercio trajo hasta nosotros innumerables piezas de arte de las que sobresalieron el Tríptico de Pincel o de la Adoración y el Retablo Gótico Flamenco.
Que los teldenses hayamos escogidos a San Juan Bautista como Patrono, al igual que Las Palmas de Gran Canaria y Arucas, entre otras ciudades y pueblos del Archipiélago, se debe en gran medida a que fue un 24 de junio, cuando las tropas castellanos-andaluzas desembarcaron por las Playas de Santa Catalina, comenzando así la conquista definitiva de la Isla y su posterior incorporación a la Corona Castellana, hecho éste ocurrido el 29 de abril de 1483, festividad de San Pedro Mártir de Verona.
Ya sabemos por etnógrafos e historiadores de la talla de Caro Baroja, que la noche de San Juan hunde sus misterios en las primeras religiones del Mediterráneo Oriental. Si el Sol, Helio, representaba a la fuerza creadora masculina; la Luna señora de la noche, representaba como nadie a la fertilidad y fortaleza de la feminidad. Así la Diosa Madre, la Tierra, necesitaba de una deidad como la Luna para cumplir con su ciclo reproductor. Este satélite tiene que ver mucho con la menstruación y las mareas, como también con el flujo y reflujo de los llamados "Humores".
En Telde desde muy antiguo se hicieron hogueras, que por estos lares se les denominaba fogueras, y como San Juan Bautista coincidía con el Beñesmen, o antigua fiesta de la recolección del pueblo aborigen, supervivieron algunas tradiciones, tales como: llevar los ganados a las playas cercanas para ser bañados en las aguas del Atlántico bajo la luz de la omnipresente luna llena. También se separaban los machos cabrios de las hembras, y estas de sus baifos o cabritos, para que el continuo balar de los caprinos propiciara lluvias benefactoras en los meses venideros.
Si Telde es una síntesis perfecta entre lo aborigen, lo europeo, y lo africano aportado por los esclavos negros y berberiscos, no es menos cierto que su comarca fue desde antaño lugar de misterio y sede de oratorios de las antiguas religiones paganas. La noche de San Juan fue escogida desde el principio para llevar a los niños a santiguar, y a los que eran herniados se les introducían en algunos charcos o charcas como la de Los Pérez en el litoral de Las Clavellinas, creyendo sus progenitores que se curarían por el efecto que sobre sus infantiles cuerpecillos tendrían las aguas frías del lugar.
Las medicinas alternativas hacían necesarias la poda de las hierbas medicinales sobre las 24'00 horas del día 23 de junio. El almacenaje de algunos frutos y objetos encontrados en los barrancos como piedras de colores etc. también eran propio de esa noche. Más tarde llegaron los indianos de las colonias caribeñas, y con ellos otros ritos que se incorporaron, muy prontamente a la tradición insular. Las playas aparecieron llenas de flores y frutas, y así los antiguos ritos paganos fueron ocupando su lugar.
Parece mentira que en el siglo XXI, todavía haya gentes que echen continuamente la mirada hacia atrás, pero si algo nos enseña la historia es que ésta no es una línea recta que se prolonga hacia el infinito, sino más bien una espiral.