"Los refugiados son personas, no estadísticas ni tendencias globales. Su protección es una necesidad humanitaria, no una preferencia política".
Ruud Lubers, ex Alto Comisionado para los Refugiados
El día 20 de junio se celebra el Día del Refugiado.
Y en este año 2005, se hace con lo que parecen buenas noticias: el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) acaba de hacer públicos sus datos del último año y estima que el número global de refugiados en el mundo ha descendido un 4 %, hasta situarse en 9,2 millones de personas.
Si consideramos que se trata de la cifra más baja de los últimos 25 años, podríamos suponer que hay motivos para felicitarse.
Sin embargo, el propio ACNUR especifica que el número de desplazados internos (IDPs) se ha elevado, especialmente con los dramáticos casos de Colombia y Sudán, y estima que debe proteger a un número aproximado de 19,2 millones de personas en todo el mundo.
La del refugiado es una figura casi desconocida.
Se trata de personas que huyen de sus países de origen o de residencia habitual por temor a la persecución política, religiosa, racial o incluso de género. Buscan refugio en otro país y temen por su vida, integridad física o libertad si regresan al sitio del que huyeron. Viven en la continua esperanza de que una mejora de las condiciones sociales y de las libertades en sus países les permita regresar a ellos.
Los refugiados con frecuencia deben sobrevivir, durante un tiempo aparentemente ilimitado y en situación precaria, en campos provisionales donde son vulnerables al abuso y la desesperación. También se enfrentan a la hostilidad de países de acogida que eligen ignorar su sufrimiento y endurecen sus leyes para no admitirlos. En ocasiones, simplemente se les arrincona y olvida en su propio limbo, esperando que desaparezcan si cerramos los ojos.
Nuevas tendencias y nuevos problemas se perfilan en lo que a la situación del refugiado se refiere a principios de este nuevo milenio.
Entre las tendencias, una mayor atención al problema de los IDPs, la consideración del hambre o la pobreza como un fundamento para solicitar asilo o la perspectiva de género introducida por la reciente concesión del estatus de refugiada en España a una mujer de los Emiratos Árabes Unidos por el hecho de ser mujer en un país donde el sexo femenino sufre opresión.
Sin embargo y sobre todo, ACNUR sigue recordándonos que la prevención de conflictos, hambrunas y pobreza y la justicia social, la democracia y el respeto a los derechos humanos son la mejor política preventiva para evitar que alguien tenga que abandonar su hogar o su país por temor a la muerte, la tortura, la prisión, los tratos vejatorios, la persecución, etc.
ACNUR también repite, por enésima vez, a un mundo duro de oído que la acogida a quien solicita asilo no es sólo una obligación moral y legal, sino una cuestión de derechos humanos básicos.
Y es necesario que lo repita cuando quedan lejos la II Guerra Mundial, la Guerra Civil española e incluso Bosnia y la amnesia histórica parece ser la guía a la hora de encarar el problema de los refugiados en nuestra parte del mundo.