Opinión
Corresponsal en la Calle.
Pasado, presente y futuro de la prensa
'El Periódico' y CANARIAS7 son los que mejor reflejan el éxito de una concepción innovadora.
Diego Carcedo. Presidente internacional de la Asociación de Periodistas Europeos
El periodismo como la propia sociedad a la que acompasa evoluciona algo, muy poco pero algo, todos los días casi me atrevería a añadir que sin excepción. Por eso sus cambios sólo resultan perceptibles para propios y profanos cuando se echa la vista atrás y se establecen comparaciones entre los medios actuales y sus precedentes, da igual que sean los mismos sus nombres o se trate de otros que han surgido entre tanto. Hace 25 años en España ya usufructuábamos libertades democráticas y garantías constitucionales, pero el panorama que ofrecía la comunicación, víctima como ninguna otra actividad de los fragores de la Dictadura, todavía era desolador.
Periódicos, radios y una televisión única, y nada plural, exhibían un aspecto antiguo y ofrecían un contenido anquilosado, sin nervio, servil al poder y escasamente competitivo. Fuera era casi imposible encontrar algún periódico español entre una oferta muy variada de cabeceras occidentales o del resto del mundo, como las egipcias, iraníes, argentinas, turcas o coreanas. Todavía en nuestro país estaba reciente, y más en el pragmatismo de las empresas que en el subconsciente de los periodistas, el miedo a la censura, el respeto a las consignas del Ministerio, y la preocupación de una vuelta a las andadas que recordaba sanciones sin contemplación.
Pero aquella situación enseguida comenzó a convertirse en historia. Una buena parte de los medios, que sobrevivían en un minifundio empresarial anacrónico y sin futuro, reaccionaron concentrando esfuerzos y buscando sinergias, se crearon cadenas multimedia, modernizaron sus instalaciones e incorporaron los elementos técnicos más avanzados en aquellos momentos en una carrera de modernización que ya no se detendría. Siempre se ha dicho que en el campo de la comunicación, la evolución tecnológica ha ido por delante abriendo nuevos caminos a la innovación estrictamente profesional, pero en esta ocasión la sincronía entre la transformación empresarial, la actualización tecnológica y la adaptación periodística fue completa. En la transformación espectacular que experimentaron en muy poco tiempo los medios de comunicación influyeron dos factores decisivos: además de la propia presión de los profesionales, que supieron reaccionar con decisión, valentía y clarividencia ante los nuevos retos, muy vinculado a este impulso también la aparición de nuevas cabeceras, de nuevos periódicos que con ideas frescas, ajenos a viejas ataduras y sin hipotecas heredadas de los años de mensaje único, pronto se convertirían en algo más que en la diversificación de la oferta: en un revulsivo para los demás que no sólo tuvieron que ponerse las pilas sino volver a recargarlas.
En la transición desaparecieron muchos medios escritos y entre ellos -en una prueba de que la democracia entre sus virtudes no incluye la de la gratitud- algunos que como las revistas Triunfo y Cuadernos para el Diálogo más se habían arriesgado en la crítica al viejo Régimen y en la defensa de la democracia que tanto se estaba haciendo esperar. Sin embargo sus huecos no tardarían en ser ocupados por otros títulos que contribuyeron de manera muy especial a animar el panorama de la nueva comunicación, a prestigiar el ejercicio del periodismo a traspasar fronteras. Los diarios de ámbito nacional El País y Diario 16 -ya desaparecido- y los semanarios Cambio 16, Interviú y Tiempo fueron los primeros ejemplos.
Los primeros en el ámbito nacional pero no los únicos en el ámbito de la comunicación en España. También en el ámbito regional, que enseguida pasaría a denominarse autonómico dentro del complejo proceso de descentralización, la prensa reaccionó no solamente con la modernización de muchos de las cabeceras ya existentes, si no también con el nacimiento de otras como El Periódico en Cataluña y CANARIAS7 en Canarias, sin duda los dos ejemplos que mejor reflejan el éxito de unas concepciones innovadoras del periódico y del impulso modernizador que ejercieron sobre el conjunto de la prensa. Ambos han contribuido a ampliar la oferta en contenidos y a adelantarse a una evolución de la prensa en su esfuerzo por enfrentar con eficacia y sin complejos la competencia de la televisión.
Ambos diarios podrían jactarse dos décadas y media después de haber participado, junto a algunas otras iniciativas igualmente arriesgadas entre las que destaca la creación del rotativo norteamericano USA Today, en un nuevo enfoque del periodismo impreso concebido partiendo del valor de la imagen para salirle al paso al lector con titulares sugerentes, fotografías que expresan más que mil palabras, una diagramación atractiva y funcional y el juego, hasta entonces poco menos que prohibido, del color hoy ya un elemento fundamental. Toda una revolución llena de riesgos, en la que algunos intentos fracasaron, pero los que consiguieron acertar, como CANARIAS7, además de su particular éxito desbrozaron las vías hacia un futuro que ya coloca a la prensa española, y particularmente la regional y local, entre las mejores del mundo.
Luego de estos primeros ejemplos fueron surgiendo otros, algunos tan dinámicos como El Mundo o la expansión del Grupo Joly en Andalucía, pero sin menospreciar otras iniciativas, el alarde de imaginaci ón y la voluntad de superación del riesgo demostrada por quienes promovieron, concibieron y ejecutaron CANARIAS7, este diario que cumple ahora su primer cuarto de siglo, han sido admirables. Porque en esta concepción del periódico, que empieza por el rigor informativo y termina en la pluralidad del análisis y la fidelidad al valor de la proximidad, creo que está el futuro inmediato que anticipa la evolución de la prensa impresa, si seme permite la redundancia.
Internet, con todas sus posibilidades abiertas y apenas intuidas todavía, ha dado paso a un debate de prospectiva sobre el futuro de los periódicos. Incluso hay adivinadores de guardia que ponen fecha a su desaparición. Quizás acierten, nunca se puede decir que no a lo que viene, pero parece difícil que ocurra a corto plazo. La historia nos recuerda que cada vez que ha parecido un medio nuevo se anticiparon infundadas necrológicas por los ya existentes. Ocurrió de manera muy elocuente cuando surgió la televisión y parecía que la radio perdería su razón de existir ante la combinación de sonido e imagen. El tiempo ha demostrado que cuanto se aventuró entonces era descabellado.
Lo que sí ha ocurrido siempre es que un nuevomedio lleva a los otros a adaptarse y quien no lo consigue, desaparece. Internet ofrece un nuevo soporte, prescinde del papel y proporciona la posibilidad de brindar la información más que con el concepto tradicional de la actualidad, con el más propio de los tiempos que es la instantaneidad, pero deja un amplio campo a lo que constituye el fuerte de la comunicación impresa: la profundización en los temas, el seguimiento de las noticias con su evolución y desarrollo y, de manera especial, el análisis reposado de sus elementos, antecedentes, consecuencias e incidencia en la sociedad porque en definitiva eso es lo que la información aporta por encima del primer impacto que las noticias causan.
Los medios escritos, periódicos, revistas y libros, tienen un futuro muy prometedor si consiguen - y no dudo que lo conseguirán - coexistir con Internet y complementarse con su capacidad como medio de comunicación universal igual que lo hacen con la radio y la televisión. Para ello, desde luego, tendrán que empeñarse en un nuevo esfuerzo que empieza - y en eso está ya empeñada la inmensa mayor parte - por utilizar la condición de soporte que la red ofrece y que, no cabe duda, al menos durante un largo periodo de tiempo será perfectamente compatible con el papel. El periódico impreso es más cómodo y adaptable a la lectura que el de Internet, cuyo seguimiento requiere sentarse expresamente ante un ordenador, y ofrecemejores posibilidades al lector de profundizar en sus contenidos.
Que el próximo futuro sea tranquilizador no quiere decir que el proceso que ha empezado, imperceptible en el día a día, vaya a resultar fácil. Obligará a cambios en las estructuras empresariales, a modificar los hábitos laborales de los profesionales, y a abrirse a una concepción global de la comunicación que partirá del aprovechamiento de las sinergias entre los diferentes medios y soportes pero sin descuidar algo tan importante como es la especialización profesional. El futuro se anticipa competitivo, con un aparente exceso de oferta informativa que llevará a un mayor consumo indiscriminado pero que lógicamente desembocará en una exigencia en el rigor, la calidad y la presentación de los contenidos muy superior.
Todo ello sin que los profesionales olvidemos en ningún momento los factores que inciden en el interés que las noticias despiertan y entre todos, el derivado de la distancia. El mundo globalizado en que vivimos ha acercado a los pueblos, aproximado las culturas y está unificando los continentes. El interés por lo que ocurre también se ha diversificado. Muchas de las decisiones políticas y de seguridad que hoy afectan a los españoles, por ejemplo, se adoptan en Bruselas, pero esa diversificación de la atención no ha disminuido en absoluto el interés que despiertan las decisiones de gobiernos y parlamentos autonómicos, los cabildos y diputaciones y, de forma directa, los ayuntamientos. La proximidad sigue siendo el factor que más cuenta en la valoración de los contenidos. Y el tratamiento de ese elemento clave del interés, sin descuidar otros importantes pero más lejanos, es la clave del periodismo que probablemente mejor garantizado tiene su porvenir: el regional y local.