Nunca me han gustado los toros, pero menos me gustan las restricciones de la libertad y en eso coincido plenamente con Rajoy y con los que piensan como él. No entiendo una democracia sin resistencia a la falta de libertad. La pasión de los rebeldes en democracia es consolidar las libertades, no restringirlas. Por eso nunca entenderé a los que, en nombre de la democracia y de la libertad, aprueban leyes que tratan de prohibir más y más cosas a la sociedad. La libertad política es ausencia de impedimentos externos (Hobbes). La libertad política es una libertad defensiva, "libertad de" que consolida la "libertad para", dice Sartori. La ley debe tutelar la libertad, no restringirla, y algunas de las leyes que aprueban nuestros gobernantes, en Cataluña, en Canarias o en Madrid, restringen gravemente la libertad.
Para mi, que el fútbol dejó de gustarme con la militancia de juventud, -y debo confesar que hasta algún escrúpulo ideológicos tenía- , este Mundial está siendo el de la reconciliación con las viejas ideas de juventud, con las aficiones perdidas y con las ilusiones de la tribu. No hay nada más reconfortante que sumergirte en la masa y dejarte llevar por la ilusión de ganar algo, por el brillo de los colores de la bandera y los sonidos de las vuvuzelas. Es como en la Rama de Agaete. Basta dejarse llevar por un tribal ritmo de las simples melodías de la Banda de Agaete y por la masa que te empuja y te arropa para sentirse «uno en el todo».
Antropología al margen, este mundial me ha permitido volver sobre mis pasos para reflexionar sobre alguno de los ideales y de los hombres que movieron el mundo. Me ha permitido repasar de nuevo un país convulso como Sudáfrica y a sus líderes negros, auténticos iconos de la lucha por la libertad y la igualdad. Este Mundial es un homenaje a Mandela y a quienes murieron por acabar con la segregación racial.
Coincidiendo con el Mundial se cumplieron los quince años de aquella mítica final del Mundial de Rugby de Sudáfrica 95 que ganó el también símbolo nacional de la Sudáfrica blanca, los Sprinsboks en un partido contra Nueva Zelanda. Se cumplen quince años de la mítica foto en la que Nelson Mandela, presidente de Sudáfrica, vistiendo la camiseta verde de la selección de rugby, entregaba el trofeo al capitán del equipo, François Peinaar. Aquella foto supuso el triunfo de Mandela, el final real del apartheid y la reconciliación nacional entre blancos y negros.
Quince años después, Sudáfrica sigue padeciendo problemas económico graves, de convivencia social y de seguridad, pero está muy lejos de aquel fatídico sistema de segregación racial fabricado por los colonos europeos.
Quince años después de esa foto, Sudáfrica se presenta al mundo como una nación reconciliada, moderna y desarrollada, que quiere ser punta de lanza del continente africano, como modelo de la superación de las diferencias y el fútbol está sirviendo para que el resto del mundo sepa de ese país que quiere superar su propia historia sin rencores
Sería absurdo que un partido político nacionalista renunciara a una seña de identidad propia, como puede ser la policía Canaria. Con este cuerpo pasará lo mismo que con la Televisión Canaria. Tiene detractores, pero por los contenidos que ofrece, el dinero que cuesta o las aspiraciones de algunos. Nadie duda ya de que es imprescindible como servicio público para los canarios y que se ha convertido en uno de los pocos elementos vertebradores que tiene esta región.
De hecho, la oposición socialista a la Policía canaria es de boquilla. Es un derecho estatutario y legítimo y sólo ha sido cuestión de voluntad política ponerla en marcha. Estaba en el pacto CC-PP y así se ha hecho, pero, además, el Ministerio del Interior ha cedido a todas las pretensiones y el decreto de creación, que nadie ha recurrido en ninguna instancia, amplía mucho más allá de lo que el Estatuto permite las competencias del nuevo cuerpo de seguridad. Veámos algunas sobrepasadas del citado decreto son estas: "Velar por el cumplimiento de las leyes, garantizar el funcionamiento de los servicios públicos, vigilar los espacios públicos, proteger las manifestaciones, y mantener el orden en grandes concentraciones humanas, función que corresponderá con carácter prioritario al CGPC. A requerimiento de las FCSE se colaborará en la vigilancia del litoral, el control de explosivos y de material pirotécnico, el control de la inmigración irregular, la verificación del resguardo fiscal y la vigilancia, verificación y control de las empresas de seguridad privada radicadas en Canarias y funciones de Policía Judicial". Una calculada ambigüedad que permitirá su implantación en materia de seguridad ciudadana y otras.
La Junta de Seguridad es una de las piezas fundamentales para el Gobierno de Canarias, pero no la de la fiestas de La Bajada, en La Palma, sino la que queda por constituir al más alto nivel para la coordinación de cuerpos y el traspaso de información. Esa es posible que la presida Paulino Rivero y Rubalcaba, si Zapatero sigue necesitando apoyos en Madrid. Se trata de un instrumento de primer orden para una comunidad colocada en tierra de nadie en la que la seguridad, en el amplio sentido de la palabra, debe ser tarea de todos, del Estado, y no sólo del Gobierno de la Nación.
El pacto PP-CC vivió su primera parte como un matrimonio feliz amenazado por su suegra. Vivieron de la crispación introducida por López y quizás fuera la época más fructífera y menos confusa, para los políticos y para los ciudadanos. Cada uno de los miembros del pacto sabían donde estaba el otro. Superado el escollo Aguilar y con la crisis más redoblada en las islas esta última etapa de gobierno es ya una pura campaña electoral en la que cada uno de los socios va por su camino, calcula sus fuerzas, se esconde y hace las trampas que puede. Soria explota sus ventajas electorales en España, que son muchas, y Paulino Rivero su situación estratégica en la presidencia del Gobierno.
Soria se sabe ganador y actúa como tal, es capaz de imponer a Rivero sus criterios y hasta intervenir activamente en Madrid en contra de los intereses de sus socios en el Parlamento. Rivero sigue pensando que queda tiempo y que, en última instancia protege su presidencia repetir un pacto de perdedores, ahora con los socialistas. Piensa que cuanto más crezca el odio entre socialistas y populares más lejos está un acuerdo entre ellos en mayo del próximo año. Debe intuir que cuanto más prepotente y altivo se vuelva Soria más se aleja de un diálogo con los socialistas en el futuro. Y que cuanto más conciliador se muestre y sea José Miguel Pérez más votos perderá y más cerca estará de Coalición Canaria. A fin de cuentas, el candidato por Tenerife de Coalición Canaria piensa que el problema electoral del PSOE y del PP está en Gran Canaria, y que contará él con quién convenga desde Tenerife, donde realmente está centrado el poder.
Quizás por todo esto y algo más a Rivero le interese mantener a Soria en el coche oficial, aunque las relaciones sea insoportables, aunque las traiciones lleguen al corazón de la familia. Piensa el presidente que cada cosa tiene su momento y que a Soria le llegará el suyo, que en política nada es seguro ni fiable y que el tiempo es su mejor aliado.
Quién más prisa tiene es el secretario general de los socialistas canarios, José Miguel Pérez que busca proteger su legado electoral en Gran Canaria, el Ayuntamiento capitalino y el Cabildo Insular, amenazados por el deterioro de Zapatero y no tanto por los errores propios, que se han minimizado en esta última etapa.
Ahora ya no hay más espacio que el de la política electoral, en el que la broca y la ruptura, es uno de sus claves básicas. Es el momento de las propuestas disparatadas, las polémica estériles, las filtraciones interesadas, y las inauguraciones por toda Canarias. Ahora hay que esperar al debate del Estado de la Nación, al resultado de las elecciones catalanas y a la elaboración de los Presupuestos en Madrid. Serán estos elementos los que definan el futuro de Zapatero, el de Soria y el de Paulino Rivero. Para que se defina alguna cuestión de fondo en Canarias habrá que espera dos años más.
En definitiva, estamos, desgraciadamente para los canarios , en el mismo lugar político que hace dos años, y en el mismo que hace cuatro, seis, ocho, diez y doce. La gobernabilidad de Canarias se garantiza de dos en dos años y los partidos hacen política en tornos a este ciclo que marca las política nacional, las elecciones generales y las autonómicas.
Creo que una de las respuesta está en la reforma electoral, pero de esa respuesta pocos políticos canarios quieren hablar seriamente y será la sociedad civil la que termine tomando las riendas. Hay que profundizar en un sistema que permita a los canarios hacer política al margen de lo que pasa en Madrid. En inviable un sistema autonómico con este nivel de dependencia de lo que pasa en el Congreso o en el Gobierno. Hay que profundizar en un sistema que permita mayorías contundentes y liderazgo en todo el archipiélago y en el que el poder de las islas sea institucional, centrado en los cabildos, y no en los partidos políticos que ahora determinan las mayorías y hasta la distribución de los recursos de todos los canarios.
En medio de tanto desatino, el cambio de rumbo en la estrategia de oposición del Partido Popular es un respiro. El partido de Rajoy ha dado los primeros pasos hacia el consenso con el Gobierno de Zapatero. Previamente, por necesidades del guión, había llegado a un acuerdo con Zapatero sobre la reforma de las cajas, que se ha ejecutado a una velocidad de vértigo, si tenemos en cuenta cómo van las cosas en este país. Ese acuerdo sirve de inspiración a los que creemos que hay que hacer algo más que política ante la crisis. Rajoy también se abstuvo para dejar al Gobierno aprobar cómodamente el decreto sobre la reforma laboral y ahora está permitiendo un acuerdo para sobre los cambios necesarios en el sistema energético español, una de las claves de futuro más importantes en las reformas que quedan en cartera al Gobierno socialista.
Ni Rajoy ni Zapatero pactan porque están convencidos de que es lo que hay que hacer. Más bien creo que están rendidos a la evidencia. Se avienen a los pactos porque saben que en la opinión pública española pesa, cada día más, la creencia de que es necesario el entendimiento entre los políticos para afrontar los problemas del país. Rajoy sabe que Zapatero está amortizado; pero también sabe que sus reformas, aunque tarde y mal, están siendo aceptadas por los españoles como irremediables y que mejor es subirse al carro del consenso que aparecer como el líder de los mil reproches, pero sin alternativa alguna que ofrecer si llega al Gobierno. En todo caso, bienvenido sea el consenso y bienvenida la posibilidad de una reforma del mapa energético español, el más débil, desestructurado, fragmentado y dependiente de toda Europa. De la capacidad de consenso de los dos partidos dependerá bastante el desarrollo económico del futuro en España.
Hoy se cumplen quince años de aquella mítica final del Mundial de Rugby de Sudáfrica 95 que ganó el también símbolo nacional de la Sudáfrica blanca, los 'Sprinsboks' en un partido contra Nueva Zelanda. Se cumplen quince años de la mítica foto en la que Nelson Mandela, presidente de Sudáfrica, vistiendo la camiseta verde de la selección de rugby, entregaba el trofeo al capitán del equipo, François Peinaar. Aquella foto supuso el triunfo de Mandela, el final real del 'apartheid' y la reconciliación nacional entre blancos y negros.
Quince años después, Sudáfrica sigue padeciendo problemas graves económico y de convivencia social, pero está muy lejos de aquel fatídico sistema de segragación racial fabricado por los colonos europeos.
Quince años después de esa foto, Sudáfrica se presenta al mundo como una nación reconciliada, moderna y desarrollada, que quiere ser punta de lanza del continente africano.
El fútbol está sirviendo para que el resto del mundo sepa de ese país que quiere superar su propia historia sin rencores. Es posible que también este mundial, privado de la figura de Mandela por su debilidad, sea la despedida del mítico luchador.
Mientras el país entero se devana los sesos para saber de dónde ahorrar, las universidades canarias quieren que sus profesores se jubilen a los sesenta años. La de La Laguna ya lo ha admitido y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria estudia seguir el mismo camino. Me parece que en un momento de duros ajustes económicos es un mal ejemplo de quienes son los responsables del futuro de nuestros jóvenes y de quiénes tienen la encomienda social de pensar y aportar ideas y soluciones a una sociedad agobiada por la crisis económica y por el cambio de todas sus estructuras.
No veo ninguna razón para que las universidades canarias jubilen a los profesores. No se trata de una profesión de alto riesgo, en el que se pierda la salud por el trabajo. En segundo lugar, un profesor universitario a los sesenta años está en uno de los momentos de mayor lucidez intelectual y con posibilidades de aportar experiencia y sabiduría a la sociedad. Con esta medida están dando la imagen de que lo que quieren es huir lo antes posible de sus puestos de trabajo, cargando a los contribuyentes con sus jubilaciones, por mucha autonomía que tengan.
Es preocupante que los que deben ser considerados el motor intelectual de la sociedad canaria traten de convertirse en una carga para el resto de la sociedad justo en el momento en el país asiste a un reajuste económico sin precedentes y en el que el retraso en la edad de jubilación es una de las columnas de la reforma del sistema de pensiones que toda la sociedad debate en este momento.
De los sindicatos y su postura con este tema, mejor no comentar nada. Siguen ciegos ante lo que está pasando a los trabajadores.
Se ha tardado seis años y ha costado miles de millones de euros forjar un líder que, en un momento de la historia de España, cuando estallaron las bombas en Atocha, estaba en proceso de aprendizaje. Los líderes deben forjarse desde abajo y en la oposición, nunca experimentando con el poder como ha hecho Zapatero. Quizá, si la crisis no hubiese estallado como lo ha hecho, el presidente del Gobierno hubiese pasado inadvertido para la historia; o quizá fuese un líder-defensor de los derechos sociales de sectores minoritarios. Podría haber paseado con algunos premios internacionales bajo el brazo, constituir su empresa de relaciones y dar conferencias a lo largo y ancho de todo el mundo. Pero los líderes se sabe que lo son cuando se enfrentan a las dificultades y las resuelven. Ese test no lo ha pasado Zapatero. Ha tenido que aprender a la fuerza , y además poniendo todas su resistencia para cambiar de criterio, para tener cintura y defender los intereses generales en cada momento de esta reciente historia de crisis.
Zapatero ha resistido en el poder porque la democracia española está muy consolidada; pero España no se puede permitir otra vez, una situación como la que hemos vivido. En la sucesión a su liderazgo está la única razón que le queda a Zapatero para seguir al frente del Gobierno. Una vez hechas las tareas que debió emprender hace dos años debería irse y dejar que sea otro el que asuma enfrentarse al criterio de los electores. Sólo así alguien, en algún libro de historia o al pasar delante de su retrato de presidente, podrá decir de él que hizo lo que debía en un momento difícil para los españoles.
Como dicen algunos de sus correligionarios, «ha cogido el cuchillo y no tiene intención de soltarlo». Quiere demostrar que la confianza depositada en él no ha sido baldía, y que lo mismo que permitió el matrimonio gay podrá resolver la situación económica. Ha hecho lo que debía, pero se le nota que no está convencido. En la toma de decisiones se detecta la inmadurez de ese liderazgo. Sigue provocando desconfianza. La reforma laboral es un ejemplo claro de su indecisión. Camufla las medidas creando un estado de confusión; premia y castiga a unos y a otros en la misma proporción; gana tiempo introduciendo trámites innecesario y trata de conciliar, de forma arbitraria, los intereses de empresarios y trabajadores. Castiga a la patronal penalizando la contratación temporal. Castiga a los trabajadores abaratando el despido para el fomento del empleo, pero, como no termina de ceder ante el paternalismo obrero que le impulsa, termina haciendo que recaiga en el Estado el pago del ahorro del despido para que los trabajadores no lo sufran. Termina no convenciendo a nadie.
A pesar de todo, ahora comienza su verdadero liderazgo, si es capaz de ejercerlo. Si Zapatero quiere pasar a la historia como un hombre de Estado y que España olvide todos sus errores, debe continuar con las reformas iniciadas para afrontar el futuro dentro del marco de la Unión Europea y ante los retos de la globalización y la internacionalización extrema de la economía, y después dimitir dando paso a otro candidato.
Para crecer en credibilidad ante los ciudadanos, Zapatero, deberá cambiar su Gobierno de forma inmediata y tener gestos de austeridad. Sólo así pondría a su partido en la casilla de salida para perder o ganar las elecciones por la mínima, como en las peores épocas del 'felipismo'. Ese es el camino. Para ello deberá combinar la rapidez que exigen la UE y los mercados internacionales y ganar fiabilidad; y por otro lado tendría que intentar el máximo consenso con los partidos políticos en el Congreso español. La geometría variable ya no sirve. Debe mandar todos y cada uno de los papeles de las reformas que tiene que emprender a Rajoy y comprometerlo con las soluciones. El PP no puede seguir siendo espectador impasible y las reformas que necesita el Estado no pueden seguir en manos de los partidos minoritarios con los que pacta el PSOE. Debe sentar en una misma mesa al PP y a los partidos del arco parlamentario, al menos a los más afines a las reformas, como CiU, el PNV o CC. Para Rajoy, colaborar en algunas cuestiones, como la abstención anunciada el próximo martes para aprobar la reforma laboral, es también vital, porque, aunque no de fondo, éstas también son sus propuestas y tiene necesidad de presentarse como alternativa.
Las elecciones catalanas son una clave importante, pero no la única. Si Zapatero busca otros consensos para ésta y otras reformas que queden pendientes podrá matizar el poder de CiU. Echarse exclusivamente en sus manos para salvar su Gobierno y el catalán sigue siendo una salida de esa geometría variable que tanto ha hipotecado al Estado.
Que nuestros hijos sean los peor preparados del Estado es una vergüenza para la comunidad educativa y un lastre que impedirá que en mucho tiempo esta región se coloque en primera línea en Europa. El Gobierno de Canarias ha dado por ciertos los resultados del primer diagnostico de la educación en España, reconocimiento que, en sí mismo, es un buen síntoma. Otros estudios de carácter privado que han arrojado cifras similares han sido descalificados por el Gobierno y los sindicatos, que veían reflejados en sus datos el fracaso de la política educativa que ha imperado en las Islas de la mano de los sucesivos gobiernos nacionalistas y sus sindicatos.
Los datos, como apuntaba la consejera de Educación, Milagros Luis, deben servir de revulsivo para obligar a la sociedad canaria a revolucionar a la comunidad educativa, estancada en resolver los problemas laborales de los profesores. No es de recibo que sus horarios, sus jornadas, sus oposiciones y sus listas de sustitutos hayan sido, durante años, el primer problema de la política educativa de las Islas y que, además, se constituyan en una especie de poder fáctico y de presión política, canjeando paz educativa por mas beneficios corporativos. Como no es de recibo que, a la vista de los datos de este estudio, sigan diciendo que es un problema de inversión económica.
Hoy esa política y posición sindical nos pasa esta factura, que además no se salda a corto plazo. Tendrán que pasar varias generaciones para reconducir los nefastos resultados que arroja el trabajo de los profesores. Pocos colegios públicos superarían hoy una auditoria independiente, que creo que debe ser hecha, para detectar dónde está el agujero que engulle tanto dinero para tan pocos resultados.

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