los blogs de Canarias7

Jon Landau formó parte de la primera camada de críticos de la prestigiosa revista Rolling Stone desde su primer número en 1967. Sus artículos eran esperados como el maná en el desierto, por haberse ganado a pulso una buena fama de "detector de talentos". Su reputación le abría las puertas de toda publicación alternativa que se preciara, como "The real paper", un semanario publicado en Boston y que dedicaba sus contenidos a la contracultura del momento. A mediados de mayo de 1974, ese semanario le propuso que escribiera sobre el concierto de un prometedor músico de New Jersey, que iba a tocar en los aledaños de la Universidad de Harvard. Acostumbrado a patearse medio país a la caza de promesas que luego no respondieron a las expectativas, Landau pronto se dio cuenta de que aquella noche iba a ser especial:

"El jueves, en el Harvard Square Theatre, vi el futuro del Rock and Roll, y se llama Bruce Springsteen. En una noche en la que necesitaba sentirme joven, me hizo sentir como si estuviera escuchando música por primera vez en mi vida. Tras dos horas de concierto no paraba de preguntarme: ¿Cómo me puede haber dicho tantas cosas? ¿Es que el Rock and Roll es todavía capaz de hablar con este poder y esta gloria? [...] Springsteen es total. Es un rockero punk, un poeta latino de la calle, un bailarín, un actor, un bufón, el líder del bar, un buen guitarrista, un gran cantante y sin lugar a dudas, un extraordinario compositor de Rock and Roll."

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Landau se convirtió en amigo y productor de Springsteen, y así, cada uno desde su lado de la trinchera, nos regalaron uno de los hitos de la música popular. Fue el 25 de agosto de 1975, y bajo el título de "Born to Run" se presentó un álbum con apenas ocho temas, pero sobrado de fuerza y talento. Muchas de las canciones de aquel disco forman parte de la mitología de Springsteen, como "Thunder Road", "Tenth Avenue Freeze-Out", "Jungleland" o la impresionante "Born to Run", y es relativamente habitual que las interprete en cada concierto.


Este es un blog de cine, y podría haber utilizado el recurso de las mil y una películas que han usado su música para hablar de Springsteen. Por ejemplo, podría hablar de la primera vez que escuché un tema suyo ("Hungry heart") en una película, "Risky bussiness" (Paul Brickman, 1983), o podría recordar el Oscar que ganó por el tema principal de de "Philadelphia" (Jonathan Demme, 1993).



Incluso podría hablar del cameo que protagonizó en una estupenda película cargada de buena música, "Alta fidelidad" (Stephen Frears, 2000)


... O de su especial relación con el director John Sayles, al que cedió tres temas para el que fue su primer trabajo para un gran estudio, "Baby, it´s you" (1983), y al que eligió en su momento para poner en imágenes algunos de sus temas más emblemáticos, como el estupendo "I´m on fire", en 1985.



Pero no. Esto lo escribo porque Bruce está en mi ciudad, y eso no suele pasar todos los días. Estamos otra vez en mayo, es verdad. Han pasado casi cuarenta años desde aquellas proféticas palabras de Landau, y ver a Bruce en directo sigue siendo una experiencia única. Por algo es el Jefe...


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Una obra colectiva. Así es como se define "Carnaval 83", una de las producciones realizadas por Yaiza Borges, un grupo de cineastas que intentaron dinamitar el adocenado panorama del cine canario. Y esa obra es la que se podrá ver en el CICCA, el lunes 14 de mayo, a las 19.00 horas, dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica al cine hecho en Canarias.

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No fue la única obra de este tipo que realizaron. De hecho, en 1979 habían presentado su primera obra, "Anabel (Off-side)", codirigida por 5 miembros del colectivo. Yaiza Borges planteó desde sus inicios una estrategia ambiciosa. Desde las páginas de su revista "Barrido" defendieron que el cine se convirtiese en asignatura en todos los niveles de enseñanza, lucharon por la creación de la Filmoteca Nacional Canaria, por el libre acceso a programas y laboratorios de la televisión pública, o por la difusión de cine por todos los pueblos e islas.


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Los miembros fundadores del colectivo fueron Aurelio Carnero, Juan A. Castaño, Fernando Gabriel Martín, José Miguel Santacreu , Alberto Guerra, Josep Vilageliú, Alberto A. Delgado, Francisco J. Gómez, Juan Puelles y Antonio José Sánchez Bolaños. No eran novatos en el asunto. Quien más quien menos ya estaba metido, de una manera o de otra, en el sector. Nacieron al amparo del entusiasmo de los años 70 y decidieron tomar la forma jurídica de cooperativa profesional para rodar películas, enseñar cine, distribuir filmes, y tener su propia sala de exhibición. Muchos de ellos siguen al pie del cañón, haciendo cine, trabajando en la industria o compartiendo su magisterio en charlas y aulas. De hecho, está previsto que Aurelio Carnero esté presente en el CICCA en la presentación de "Carnaval 83". Algunas de sus aspiraciones quedaron en el camino, otras se consiguieron a trancas y barrancas, pero sus películas quedaron ahí, para decirnos que no fue un sueño, que hubo un tiempo en que la utopía fue posible.

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En la siguiente proyección de este ciclo, el 21 de mayo, se podrán ver varios cortometrajes del colectivo Yaiza Borges, firmados a título individual por algunos de sus miembros:

"El fotógrafo", de Luis Sánchez Gijón (España, 1986. 25´)
"Álvaro mi niño", de Aurelio Carnero y Gómez Tarín (España, 1986. 11´)
"Apartamento 23 F", de Aurelio Carnero (España, 1988. 30´)


Este ciclo finalizará el 28 de mayo con una selección de cortometrajes dirigidos por el grancanario David Delgado, y que recoge algunos de los trabajos realizados por este todoterreno del cine durante los últimos veinticinco años:
"Ari se va a la ciudad (entre locos)" (España, 1986. 6´)
"La oportunidad" (España, 1993. 16´)
"Aniversario de nada" (España, 2008. 16´)
"Sueño fronterizo" (España, 2009. 20´)
"El aire de un día" (España, 2011. 19´)

Ramón Saldías nació en Bidart, Francia, en 1938. Cuando la II Guerra Mundial estalló en el corazón de Europa, su familia cruzo los Pirineos buscando algo de paz en San Sebastián. Aquello parece que metió la inquietud en el espíritu del joven Ramón, porque años más tardes desarrolló diversas tareas en el mundo del cine por sitios tan dispares como Madrid, Biafra, Guinea o Canarias. Desde que con catorce años comprase su primer tomavistas, demostró una enorme curiosidad por la imagen.


Al amparo del resurgir del cine amateur vasco a principios de los sesenta, Saldías fundó en 1968 la productora Ikastor Films, junto a Jesús Almendros, José Manuel Gorospe y José Luis Arza. Antes ya habían rodado algunos cortos en 8 mm, e incluso se habían atrevido a proponer a la Diputación de Guipúzcoa un proyecto de producción de cortometrajes para niños que no llegó a cuajar. La primera producción de aquel equipo de jóvenes aficionados al cine fue "Miradas" (Jesús Almendros, 1969), un corto sobre la obra del pintor Vicente Amezto que alcanzo un premio en el Festival de Cine de San Sebastián. Algunas de sus obras más relevantes fueron "Tiempo de Africa" (1969), un improvisado mediometraje africanista rodado en 16 mm, y "Estropada berria" (1970), trabajos tras los que deciden dar un salto profesional hacia Canarias.


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En las islas colaboran con TVE y contribuyen a animar el panorama cinematográfico local produciendo y realizando varios cortometrajes. En 1972 funda Aske Films, produciendo multitud de spots, documentales o encargándose de la fotografía de largometrajes como "La Umbría" (Pepe Dámaso, 1975). Dirige su primer largometraje, "El camino dorado", en 1979, único trabajo canario de esa década que alcanza distribución comercial tras su paso por el Festival de San Sebastián.


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Bajo el seudónimo de Sah-Di-A dirige en 1981 en Gran Canaria una película de serie Z llamada "Kárate contra mafia", convertida hoy en obra de culto. De cara a organizar una nueva proyección de esta película, he tenido la suerte de intercambiar varios correos con él. Desde el principio me encontré con una persona llena de ilusión, y que dio mil y una facilidades para conseguir que, más de treinta años después de su rodaje, se pudiese ver de nuevo en la pantalla de un cine canario esta obra inclasificable. Y si no me creen, atentos a la sinopsis: El joven marinero Lai-Chao se ve involucrado en un turbio negocio de contrabando de diamantes, ya que la policía encuentra una bolsa de ellos en su petate. Cuando va a ser arrestado, se escapa y luchará contra los malhechores que han introducido las joyas en su equipaje, enfrentándose también a la policía para probar su inocencia, utilizando para ello todos sus conocimientos en artes marciales que le ayudarán para salir airosos de tan difícil situación.


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Gracias a esos correos supe que Saldías se embarcó en un trabajo tan "atrevido" como ese para intentar demostrar a la clase política y al empresariado canario que aquí se podría crear algo parecido a una industria cinematográfica. Tras el éxito de "El camino dorado", Saldías decide hacer la película más absurda posible, en este caso, una de artes marciales y a miles de kilómetros del lejano Oriente. Propuso a muchos hoteleros la posibilidad de montar una gran productora en la que cada hotel o centro turístico realizase una aportación económica para garantizar la filmación de películas, series o anuncios. Desgraciadamente, Saldías no encontró el apoyo esperado: "Tanto los políticos como los hoteleros canarios no saben ver más allá de sus narices. La cuestión no solo era atraer turismo, era un negocio que podía ser muy rentable, organizar una buena compañía y crear quizá miles de puestos de trabajo. Me demostraron que no quieren a su isla, que ni siquiera pueden ver como ayudar a crear empleo y a la vez obtener otro medio de sacar dinero. Verdaderamente ignoro el porqué seguí en Canarias después de aquello. Esperaba que se dierán cuenta de el potencial que podían crear, pero...".


En uno de esos correos firma como "Saldías el maldito, director de cine", y se despide deseando que "se rían mucho y disfruten de lo que me enseñó el maestro de lo cutre, Jesús Franco, de como hacer una película rápida, casposa, y que no cueste más de 35 pesetas. "


"Kárate contra Mafia" se proyecta el 7 de mayo en Multicines Monopol a partir de las 20.30 y con entrada gratuita, dentro del ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica durante el mes de mayo al cine hecho en Canarias. El resto de proyecciones de este ciclo tendrán lugar en el CICCA, a las 19.00 horas, y serán las siguientes:

• "Yaiza Borges: cuando la utopía fue posible"
- 14 de mayo: Carnaval 83, del Colectivo Yaiza Borges (España, 1983. 60´)
- 21 de mayo: El fotógrafo, de Luis Sánchez Gijón (España, 1986. 25´)
Álvaro mi niño, de Aurelio Carnero y Gómez Tarín (España, 1986. 11´)
Apartamento 23 F, de Aurelio Carnero (España, 1988. 30´)

28 de mayo: "El cine de David Delgado" (selección de cortos):
Ari se va a la ciudad (entre locos) (España, 1986. 6´)
La oportunidad (España, 1993. 16´)
Aniversario de nada (España, 2008. 16´)
Sueño fronterizo (España, 2009. 20´)
El aire de un día (España, 2011. 19´)


Toda buena Revolución que se precie tiene que dinamitar todos los sectores de la sociedad en la que estalla. No todo se puede acabar en la política o la economía. La cultura, por ejemplo, es siempre uno de los bastiones de todo proceso de cambio profundo, como el que tuvo lugar en Cuba en 1959. Convencidos de que la cultura y, especialmente, el cine, era un elemento de enorme potencial en lo que se refiere a difundir y consolidar la conciencia revolucionaria, los dirigentes de la nueva Cuba fundaron en 1959 el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).


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Tenía la misión de convertirse en el principal vehículo de popularización de aquellas nuevas ideas, y por ello se le dotó de un presupuesto generoso, y de los mejores medios técnicos y humanos posibles. Al mando se colocó a Alfredo Guevara, un viejo conocido de Fidel Castro, y miembro activo de las revueltas estudiantiles contra Batista. Guevara se había acercado al arte desde el teatro, ya que tras cursar estudios superiores de Dirección Teatral, llegó a ser en 1958 uno de los fundadores de la que hoy en día sigue siendo una de las instituciones más importantes de la escena cubana, el Grupo Teatro Estudio. Pero ¿cómo llegó al ICAIC?


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Como tantos otros universitarios de los años anteriores a la Revolución, Guevara se movía con entusiasmo en diversos campos de la contracultura. Fue así como conoció a un muchacho espigado y algo más joven que él, llamado Tomás Gutiérrez Alea. Éste venía de estudiar en el "Centro Sperimentale della Cinematographia" de Roma, uno de los sostenes teóricos del neorrealismo italiano, una corriente cinematográfica de la que Gutiérrez Alea no paraba de hablar. De este encuentro nació en 1955 lo que muchos consideran como el antecedente más importante del Nuevo Cine Cubano, un cortometraje documental de apenas 20 minutos, titulado "El Mégano". Con un guion en el que participaron Gutiérrez Alea y Guevara, se denunciaba frontalmente las durísimas condiciones de vida y trabajo de los carboneros de la Ciénaga de Zapata, en la Costa Sur de Cuba.


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Tras la creación del ICAIC, Guevara consagró su vida a la consolidación de aquel elemento fundamental de la Revolución. Desde el principio se decantó por el documental, quizás por ser el género que con mayor facilidad se presta al lanzamiento de determinados mensajes, quizás porque era mucho más barato que la ficción. Tuvieron que ser algunas ideas traídas desde la vieja Europa lo que favoreció que el ICAIC empezase a apostar por la ficción. La política de autores que ganaba adeptos en Europa tenía, aparte de la toma de postura intelectual de cada director, una actitud deliberadamente ligera a la hora de trabajar con escasez de medios. Aquella era la coartada que Gutiérrez Alea empleó para convencer a Guevara y los suyos: se podía hacer una ficción con escaso presupuesto y que sirviese a un fin social.


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Y así fue, el ICAIC decide producir en 1960 la que se convertiría en la primera película de ficción de la nueva Cuba, dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y titulada "Historias de la revolución". A través de tres pasajes, (El herido, Rebeldes, La batalla de Santa Clara), se recorre la historia de la insurrección contra la dictadura de Batista. "Titón", sobrenombre por el que era conocido Gutiérrez Alea, ya había dirigido varios documentales para el ICAIC, pero con "Historias de la Revolución", y tras su exitoso paso por el Festival de cine de Moscú, inicia una carrera brillante que le convierte en el realizador cubano más relevante de la segunda mitad del siglo XX.


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Gracias a la colaboración del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la Asociación de cine Vértigo proyecta en la Casa de Colón "Historias de la Revolución", el jueves 26 de abril y a partir de las 20.30 horas dentro de "Colón Cinema". Una oportunidad especial para recuperar la obra de una de las piezas claves del cine iberoamericano : Tomás Gutiérrez Alea.


La primera vez que Geraldine Chaplin apareció en una pantalla de cine fue en 1952. Apenas tenía ocho años, y aquel debut fue realmente una travesura de su padre, el gran Charles Chaplin, quien decidió que sus tres hijos (Josephine, Michael y Geraldine), apareciesen en una escena de "Candilejas". Lo que empezó como un juego, terminó por convertirse en la vida de una menuda actriz que, a día de hoy, cuenta con más de 120 trabajos entre cine y televisión, y que no para de trabajar.


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Es evidente que ser la hija de una leyenda es un aval para que se abran muchas puertas. Pero es también un estigma difícil de eliminar. Muchos siguen hablando de ella como "la hija de Charlot", algo tan simplificado como injusto. Pero eso no le importa mucho. Geraldine sonríe y sigue adelante. Está acostumbrada, como cuando le decían que era la protegida de Carlos Saura, su pareja durante años, y para quien protagonizó algunas de las películas españolas más importantes de los años sesenta y setenta.


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Curiosamente, el cine español no fue muy generoso con Geraldine Chaplin. Su único premio fue un Fotogramas de Plata por "La Madriguera", en 1970. No hace falta explicar los motivos por los que la España más reaccionaria fustigaba a la que, en aquel momento, y por mor de sus trabajos para Saura, era la musa de la intelectualidad rebelde. Lo más triste es que fuera de posicionamientos políticos, a Geraldine se la vio casi siempre como una "de fuera", alguien que no pertenecía a este país y a esta cultura. Se la llamaba, con cierto tono despectivo, "La Gerarda", un mote que ella, como muestra de la sorprendente robustez de su pequeña espalda, acabó por encontrar hasta simpático.


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Cuando su relación con Saura acabó, el cine español dejó de pensar en ella. Es cierto que durante aquellos años no trabajó con ningún otro director español, pero resulta algo extraño que desde que estrenó su última obra con Saura en 1979 pasasen veinte años hasta que volviera a trabajar en España, con Xavier Villaverde, en "Finisterre, donde termina el mundo".

Hoy no existe ningún tipo de vínculo entre Saura y Geraldine. En palabras de la propia actriz "... no soy muy civilizada en este sentido: tuvimos una relación muy íntima, ¿cómo voy ahora a verlo y tomar el té con él? No soy tan moderna. No es por rencor, es por vergüenza. ¿Qué le voy a decir?, ¿Hola?". Por otra parte, Geraldine guarda un gran recuerdo profesional de esos años. Se conocieron en 1965, y rodaron juntos nueve de las diez películas dirigidas por Saura en ese periodo. Su primer trabajo juntos fue "Peppermint frappé" (1967), y después llegarían títulos tan relevantes como "Ana y los lobos" (1972), "Cría cuervos" (1975) o "Mamá cumple cien años" (1979).

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El ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica durante el mes de abril al cine hecho por Carlos Saura en los años setenta termina precisamente con "Mamá cumple cien años". Es una obra que cierra la relación profesional y sentimental de Saura y Chaplin, pero es también un punto y aparte trascendental en la carrera del director.



Cerrando las puertas de un peculiar retablo social desatado en 1972 con "Ana y los lobos", Saura recupera a Rafael Azcona como socio en la escritura de un guion en el que se revisan los personajes de aquella obra tan llena de simbolismos. La historia gira ahora alrededor de la anciana matriarca de la familia, interpretada por una estupenda Rafaela Aparicio. Se aproxima su centenario y se reúne toda la familia en el viejo caserón. También regresa Ana, la institutriz, y se inicia así una especie de ajuste de cuentas con el pasado, con algún toque fantástico, y con bastantes dosis de comedia que favorecieron que su éxito no se limitase a la crítica, sino también al público. "Mamá cumple cien años" se proyecta el 23 de abril en el CICCA, a partir de las 19.00 horas y con entrada gratuita.

En 1967, tres sevillanos llamados José Moreno "Josele", Luis Moreno "Pibe" y Eduardo Rodríguez, se las apañaron para conseguir un seiscientos con el que irse a Suecia a cantar rumbas y a ligar con las suecas. En el camino, recalan en la capital de España y se dejan caer por algunos garitos de Madrid, donde su simpatía y el cachondeo con el que entonaban sus rumbitas llamaron la atención de un jefazo de Hispavox. Con esa discográfica lanzan un single titulado (no podía ser de otra forma) "La sueca", con el que consiguen el éxito suficiente como para olvidar su aventura nórdica y tomarse algo en serio lo de la música. Dos años más tarde lanzarían su tema más famoso y, sin duda, uno de los mayores éxitos de eso que aun se conoce como la canción del verano: "María Isabel".


Estuvo durante 11 semanas en el número 1 de ventas, e hicieron giras por media Europa e incluso, por América. En España eran los Reyes de la Rumba. Todo les sonreía, hasta que en 1972, en una redada de la Brigada de Estupefacientes, son detenidos junto a Miguel Ríos y otros músicos, acusados de "fumar canutos". Su carrera comercial se desvaneció con el humo, y cada uno decidió iniciar su camino en solitario. Eduardo y Luis se vincularon a dos grupos mítico, "Triana" y "Alameda", respectivamente, y Josele se une a Paco Aguilar para crear el dúo "Yerbabuena", con el que hasta 1978 se desenvuelven con relativo éxito en el mundo del pop pachanguero del momento. Quizás uno de sus mejores momentos vino en 1973, con el single "Te conocí", canción que supuso el debut como compositor de éxito de un joven conquense, aficionado a tocar el laúd, llamado José Luis Perales.


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Perales y Josele (famoso más tarde como humorista), trabaron amistad, lo que facilitó que el compositor entrase a formar parte de la plantilla de Hispavox. Allí lo primero que le encomiendan es que componga para una cantante londinense llamada Janette Anne Dimech, hija de padre británico (nacido en el Congo) y madre tinerfeña. Jeanette (como se le conoció artísticamente), había grabado dos discos con el grupo "Pic-Nic", triunfando con su peculiar versión del "Cállate, niña", pero había decidido alejarse del mundanal ruido cuando Hispavox contactó con ella para relanzar su carrera en solitario. Intentaron que cambiase su estilo, y le ofrecieron suculentas ofertas que ella no acababa de aceptar. Aun así, medio a regañadientes, grabó un tema compuesto por Manuel Alejandro ("Soy rebelde"), que fue todo un éxito, y también una canción de aquel conquense debutante, Perales, llamado "Palabras promesas", la cual dio nombre al que sería el primer álbum en solitario de Jeanette.


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La amistad entre ambos, cantante y compositor, no había hecho más que empezar, y fue al año siguiente cuando se compinchan para crear uno de los hitos de la música popular española. Recuperando ciertos toques folk de "Pic Nic", Perales compone "Por qué te vas", y aunque su lanzamiento en 1974 no genera muchas reacciones positivas, tras ser elegida como tema central de "Cría Cuervos" (Carlos Saura, 1976), la canción se convierte en un bombazo, vendiendo más de 6.000.000 de discos en todo el mundo.


Dicen que Saura escribió el guion de esta película tras ver a Ana Torrent, la niña protagonista, en el "El espíritu de la colmena" (Víctor Erice, 1973). Saura decidió comenzar su historia con Ana (interpretada por Geraldine Chaplin), quien se dirige a la cámara y recuerda todo lo que ha acontecido desde el momento de la muerte de su padre, veinte años antes. Ana, una chiquilla entonces, es testigo del suceso: su padre Anselmo muere en la cama con su amante, y la niña -que estaba espiando la escena- cree que la muerte es por un vaso de leche que el padre ha bebido y en el que ella echó lo que creyó que era veneno, y no fue más que perborato sódico... Esa Ana niña, ahora encarnada magistralmente por Ana Torrent, se agarra a la triste letra de esa canción para intentar comprender su soledad...


Para no variar la costumbre, Saura se encontró con un entorno muy hostil a la hora de presentar esta película. Su estreno coincidió con la muerte del presidente de Gobierno español, el almirante Carrero Blanco, algo que evidentemente no facilitó las cosas. Deprimido y desencantado, llegó a pensar que su carrera como cineasta está acabada, pero es nuevamente el apoyo internacional lo que le salva del fracaso, ya que "Cría Cuervos" recibe el Premio Especial del Jurado de Cannes en mayo de 1976. Esta película se proyecta en el CICCA el 16 de abril, a partir de las 19:00 horas, dentro de un ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica al cine de Carlos Saura en los 70 y que terminará el 23 de abril con la proyección de "Mamá cumple 100 años".

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Uno de los trucos más comúnmente empleados en el cine español para despistar a la censura franquista era recurrir a actores considerados "muy comerciales" como cabeza de cartel en películas comprometidas. Ya lo hizo Bardem al pensar en Lucía Bosé para protagonizar "Muerte de un ciclista" (1955), y también Luis García Berlanga al elegir a Nino Manfredi para "El verdugo" (1963).


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Esta táctica también la supo utilizar Carlos Saura en muchas de sus crípticos alegatos cinematográficos de los años sesenta y setenta. Quizás algunos censores relajaron sus colmillos al ver que José Luis López Vázquez era el personaje principal de "La prima Angélica" (1973) o que Rafaela Aparicio formaba parte del reparto de "Ana y los lobos" (1972). Precisamente una escena de Aparicio en esta última película, en la que comenta con Geraldine Chaplin las correrías infantiles de uno de sus hijos detrás de una de sus primas, fue el punto de partida para "La prima Angélica". Fantaseando sobre ese diálogo, Carlos Saura y Rafael Azcona edificaron una nueva historia acerca de un hombre de mediana edad que recuerda con amargura sus infantiles amoríos con la prima Angélica. Aquel debía ser el punto de partida de un relato sobre las devastadoras consecuencias que sobre la personalidad de un ser humano puede tener el vivir y crecer en medio de una Guerra Civil y de todo lo que vino después.


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Saura además sentía la necesidad de cuestionar ciertas miradas complacientes hacia la infancia, considerada demasiado a la ligera como espacio amable y reivindicable. La propia niñez del director, marcada por las carencias de la posguerra y la crudeza de la educación religiosa recibida, ayudaron a montar el exorcismo, aún a sabiendas de que Torquemada y los suyos les estarían esperando con las antorchas encendidas. Ni siquiera la presencia al frente del reparto de José Luis López Vázquez, icono del cine español más comercial, funcionó en esta ocasión. Las dos primeras versiones del guion fueron rechazadas por la censura sin dar opción alguna, y una tercera versión del mismo, tras infinidad de retrasos y amenazas, es aceptada con reparos. En cualquier caso, la caja de los truenos ya estaba abierta, y los sectores más conservadores de la prensa provocaron que en sus primeras proyecciones en Madrid el escándalo fuera mayúsculo, con bandas de defensores y detractores que se manifestaban a las puertas de los cines y luego poblaban las plateas, aplaudiendo y abucheando cada una de sus escenas.


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Felizmente, y tal y como había ocurrido con anterioridad en la controvertida carrera de Saura, el reconocimiento internacional acudió en su ayuda. La película fue seleccionada por el Festival de Cannes, recibiendo un Premio Especial del Jurado que muchos vieron como un espaldarazo en favor de quienes luchaban en España contra la censura. Sin embargo, ni este premio pareció calmar a los censores, quienes siguieron insistiendo tras su estreno en la eliminación de determinadas escenas. El tesón (y las agallas) del productor, Elías Querejeta, permitieron que la película no sufriera mutilación alguna. Por el contrario, un alto cargo del Ministerio de Información fue cesado en su puesto al no haber conseguido doblegar al productor.


No obstante, la carrera comercial de esta película no fue un camino de rosas. Un cine de Barcelona donde se proyectaba fue atacado con bombas incendiarias, lo que provocó que muchos exhibidores no se atreviesen a proyectarla. Aunque nunca fue prohibida formalmente, y a pesar de colgar en cada sesión el cartel de "localidades agotadas", el miedo hizo que dejara de proyectarse. La Asociación de cine Vértigo posibilita la proyección en Las Palmas de Gran Canaria el lunes 9 de abril en el CICCA, a partir de las 19:00 horas, dentro de un ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica al cine de Carlos Saura en los 70. El resto de obras de este ciclo son:


16 de abril: Cría cuervos, de Carlos Saura (Esp, 1976. 110')

23 de abril: Mamá cumple 100 años, de Carlos Saura (Esp/Fr, 1979. 92')

San Sebastián. Nueve de octubre de 1955. Estadio de Atocha. El Real Madrid de Di Stéfano visitaba a la Real Sociedad. El equipo merengue venía de ganar la liga anterior, con cinco puntos de ventaja sobre su gran rival, el F.C: Barcelona. Era un equipo grandioso y que deslumbraba en cada partido. Sin embargo, aquel día, no fue ningún jugador blanco el que se llevaría la gloria. Aquella iba a ser la tarde de un joven delantero de la Real Sociedad, llamado Elías Querejeta. Jugó durante cinco años con la Real, y apenas marcó seis tantos, pero el golazo que marcó aquel día sirvió para que su equipo del alma, la Real Sociedad de San Sebastián, doblegase al Real Madrid. Aquel año la liga no la ganaría el equipo blanco, centrado en salir victorioso de la recién creada Copa de Europa. Fue otro equipo vasco, el Athletic Club de Bilbao, el que se llevó los honores. Querejeta abandonaría el fútbol poco después, y se iría precisamente a Madrid para dedicarse a su gran pasión: el cine.


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Mientras Di Stéfano elevaba al Madrid a la gloria, un joven oscense llamado Carlos Saura recorría las calles de la capital en busca de su destino. Su hermano era el hoy famoso pintor Antonio Saura, pero a él le apasionaba la fotografía y el cine. Era un habitual de las tertulias del Café Comercial y del Café Gijón, y en 1954, cuando acude al Instituto Italiano de Cultura, se queda fascinado con un ciclo de proyecciones dedicado al neorrealismo italiano. Aquello cambió su concepción del cine, animándole en 1955 a participar en las famosas "Conversaciones de Salamanca", junto a Berlanga, Bardem, Patino o Muñoz Suay. Ese mismo año, dirige su primer cortometraje, "Flamenco", y tres años después recibe el encargo del que sería su primer largo. El Ayuntamiento de Cuenca lo contrata para que filme un documental turístico, pero Saura da un enfoque muy personal a la obra, apoyándose en la producción de Pere Portabella, y se encuentra con el rechazo de la corporación, poco proclive a sus pretensiones autorales. Sin embargo, en su primer pase público en un cine de Cuenca, la audiencia responde entusiasmada, y se le permite a Saura la presentación de "Cuenca" en diversos festivales, llegando a recibir una Mención Especial en el Festival de San Sebastián de 1958.

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La carrera de Saura se había iniciado a lo grande, y eso se iría confirmando con cada una de sus posteriores películas. Durante aquellos años, Elías Querejeta codirigió un par de cortos con Antón Eceiza ("A través de San Sebastián" y "A través del fútbol"), participó en el guion de "Los Inocentes" (1963, José Luis Bardem), y produjo su primera película con apenas veintiocho años, "Noche de verano", de Jorge Grau, en 1962. Era cuestión de tiempo que los caminos de Saura y Querejeta se cruzasen, y eso ocurrió en 1965, cuando tras ver como doce productoras distintas rechazaban el guion de "La caza", Saura se encuentra con Querejeta y le convence para que apueste por él. El productor acepta poner la mitad del presupuesto, y Saura se las ingenia para convencer a su padre para que aporte el resto. Despreciada por la crítica española, obtuvo un gran respaldo internacional, sobre todo tras recibir Saura el Oso de Oro al mejor director en el Festival de Berlín por esta película.

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Se iniciaba así uno de los binomios productor/director más fructíferos del cine español. Fueron capaces de encadenar una muy interesante sucesión de títulos en los que, casi siempre con cierto espíritu críptico, se cuestionaban las enormes carencias sociales de una época muy lastrada por las heridas no sanadas de la Guerra Civil, aportando un enfoque intelectual muy propio del momento. Su cine encontró en la década de los setenta el marco ideal para expresarse en su plenitud. Los estertores del régimen franquista, las dudas sobre el qué pasará, las incoherencias de la transición, etc., fueron un excelente caldo de cultivo para las películas de esta pareja. Así, tras sufrir duramente los embates de la censura con "El jardín de las delicias" (1970), es nuevamente el apoyo internacional lo que les salva. Su paso por el Festival de Cine de Nueva York le permite ser elegida como una de las diez mejores películas del año, y esto ayudó a levantar la que sería su sexta colaboración, "Ana y los lobos". Contaría la historia de una institutriz extranjera, llamada Ana, que llega a un aislado caserón de la España profunda, para encargarse de la educación de los niños de la extraña familia que habita la mansión. A la sombra de una anciana y dominante madre viven sus tres extraños hijos, cada uno con un particular universo de obsesiones y vicios que no hacen sino servir de metáfora de la enfermiza burguesía española del momento.


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Como era costumbre en la pareja, se combinaba con precisión el enfoque intelectual con la denuncia social, todo ello sabiamente sazonado con las dosis justas de su habitual lenguaje críptico, para así sortear a la temible censura. Estrenada el 4 de junio de 1973, contó con la participación del gran Rafael Azcona en el guion, y con un reparto de lujo, encabezado por Geraldine Chaplin, Fernando Fernán Gómez y Rafaela Aparicio. Galardonada con el Prix L'Age d'Or a la mejor película de habla castellana por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina, "Ana y los lobos" adquirió con merecimientos la categoría de símbolo de una época de capital importancia en la historia reciente de España.


La proyección de Ana y los lobos", el lunes 2 de abril de 2012 en el CICCA, a partir de las 19:00 horas, supone el inicio de un ciclo que la Asociación de cine Vértigo dedica al cine de Carlos Saura en los 70. El resto de obras de este ciclo son:

9 de abril: La prima Angélica, de Carlos Saura (Esp, 1974. 107')
16 de abril: Cría cuervos, de Carlos Saura (Esp, 1976. 110')
23 de abril: Mamá cumple 100 años, de Carlos Saura (Esp/Fr, 1979. 92')

Puede que sea uno de esos tópicos a los que cada cierto tiempo se recurre. Puede que no sea verdad. Pero en el mundo del cine, como en tantas otras facetas del arte, se suele decir que las segundas obras son más "dolorosas", que se hace más cuesta arriba el ponerlas en pie y, sobre todo, el conseguir el mismo reconocimiento que tuvo el artista en su debut. Si es que lo tuvo, claro...

El uruguayo Manolo Nieto ha visto como su segunda película, "El lugar del hijo", ha sido incluida en la 21° edición de Cine en Construcción, dentro del marco de Cinélatino, Rencontres de Toulouse, que comenzó el pasado 23 marzo y que concluirá el próximo 1 abril. Producida por Lisandro Alonso, es ésta una de las películas iberoamericanas más esperadas de los últimos años. Nieto debutó de forma brillante con "La perrera", una obra que tras ser premiada en uno de los festivales de referencia de la cinefilia internacional (Rotterdam), auguraba un brillante porvenir a su joven director.


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"La perrera" contaba la historia de David, un joven de 25 años, forzado por su padre a construir su propia casa en un pequeño balneario cerca del mar. La tragicómica lucha del joven enfrentado a un mundo nuevo y hostil fue muy bien recibida, emparentada desde su nacimiento con otras producciones recientes y exitosas del cine uruguayo en las que el propio director había formado parte (sobre todo, "25 Watts", de Rebella & Stoll).



Sin embargo, han tenido que pasar nada más y nada menos que seis años para que Nieto vuelva a tener la oportunidad de presentar un nuevo proyecto, titulado "El lugar del hijo", y en el que también es un joven quien se convierte en el eje de la historia. En este caso se trata de un estudiante, originario del interior del país, que debe enfrentarse a la muerte de su padre en medio de las ocupaciones estudiantiles de 2002.


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Si antes de ver "El lugar del hijo" desea conocer el debut de Manolo Nieto, tiene la oportunidad de asistir a Colón Cinema, el miércoles 28 de marzo, a la proyección de "La perrera", dentro del programa que conjuntamente organizan la Asociación de cine Vértigo y la Casa de Colón en las instalaciones de ésta última.


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Una de las bandas sobre las que se edificó la iglesia del Britpop fue Blur. Su álbum de debut ("Leisure", 1991), fue muy bien recibido por una parte de la crítica musical, especialmente rendida ante la brillantez de singles como "There´s no other way" o "She´s so high".



El llamado "Manchester sound" encontraba a sus profetas en estos cuatro chicos, devotos admiradores de los primeros Pink Floyd o The Who. La guerra mediática en la que aceptaron entrar frente a la otra gran banda del momento, Oasis, llevó el Britpop a lo más alto, dejando para el recuerdo una discografía tan excitante como incomprendida. Bucear en sus siguientes álbumes -"Modern Life Is Rubbish" (1993), "Parklife" (1994)- supone encontrase de frente con tal variedad de estilos y pretensiones que solamente el paso del tiempo ha permitido disfrutar de ellos con la perspectiva necesaria.


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Después del tremendo éxito de aquella gran celebración del héroe de clase obrera idealizado en los 60, llamado "Parklife", el grupo sintió la necesidad de posicionarse con algo menos de condescendencia a lo que estaba pasando a su alrededor. Lanzaron así una mirada oscura hacia la sociedad en la que vivían y en la que se sentían, por momentos, prisioneros. Sus canciones las habitan ahora operarios de fábricas que malviven en los suburbios de la gran ciudad. Ese fue el eje de "La gran evasión", un cinéfilo nombre para el que muchos consideran el disco más completo de Blur, y del que se extrajo un hipnótico tema titulado "The Universal", en el que la banda rendía un homenaje a dos películas de otro británico ilustre, Stanley Kubrick: "2001, una odisea en el espacio" y "La naranja mecánica".



La querencia de Blur por el cine se ve reflejado en éste y otros discos, no solo de la banda sino también de los diversos proyectos que paralelamente han desarrollado sus componentes (basta echar un vistazo a muchos de los temas de Gorillaz). En el que, por ahora, es el último y esquinado disco de estudio de la banda ("Think Tank", 2003), aparecía un curioso tema titulado "Gene by Gene" en el que la figura del mítico Steve McQueen tiene un pequeño papel...


Steve McQueen representa para Blur, y para muchos otros artistas, un ideal romántico de un tiempo pasado... Desde Notorious B.I.G. a Leonard Cohen, pasando por REM o los Rolling Stones, todos han dedicado algún tema al mítico actor americano. Quizás a ellos les pasó lo mismo que a mí, y quedaron fascinados al ver como MacQueen entraba una y otra vez, con elegancia y chulería, en la celda de castigo de "La gran evasión" llevando consigo un guante y una pelota de beisbol.


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Quienes ya conocen esta película tienen oportunidad de recuperarla en la proyección con la que finaliza el lunes 27 de febrero en el CICCA, a partir de las 18.30 horas, el ciclo que la Asociación de cine Vértigo ha dedicado a McQueen. Si no la conocen, están invitados a disfrutar de una de esas películas que quien les escribe no se cansa de ver.



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