Jon Landau formó parte de la primera camada de críticos de la prestigiosa revista Rolling Stone desde su primer número en 1967. Sus artículos eran esperados como el maná en el desierto, por haberse ganado a pulso una buena fama de "detector de talentos". Su reputación le abría las puertas de toda publicación alternativa que se preciara, como "The real paper", un semanario publicado en Boston y que dedicaba sus contenidos a la contracultura del momento. A mediados de mayo de 1974, ese semanario le propuso que escribiera sobre el concierto de un prometedor músico de New Jersey, que iba a tocar en los aledaños de la Universidad de Harvard. Acostumbrado a patearse medio país a la caza de promesas que luego no respondieron a las expectativas, Landau pronto se dio cuenta de que aquella noche iba a ser especial:
"El jueves, en el Harvard Square Theatre, vi el futuro del Rock and Roll, y se llama Bruce Springsteen. En una noche en la que necesitaba sentirme joven, me hizo sentir como si estuviera escuchando música por primera vez en mi vida. Tras dos horas de concierto no paraba de preguntarme: ¿Cómo me puede haber dicho tantas cosas? ¿Es que el Rock and Roll es todavía capaz de hablar con este poder y esta gloria? [...] Springsteen es total. Es un rockero punk, un poeta latino de la calle, un bailarín, un actor, un bufón, el líder del bar, un buen guitarrista, un gran cantante y sin lugar a dudas, un extraordinario compositor de Rock and Roll."

Landau se convirtió en amigo y productor de Springsteen, y así, cada uno desde su lado de la trinchera, nos regalaron uno de los hitos de la música popular. Fue el 25 de agosto de 1975, y bajo el título de "Born to Run" se presentó un álbum con apenas ocho temas, pero sobrado de fuerza y talento. Muchas de las canciones de aquel disco forman parte de la mitología de Springsteen, como "Thunder Road", "Tenth Avenue Freeze-Out", "Jungleland" o la impresionante "Born to Run", y es relativamente habitual que las interprete en cada concierto.
Este es un blog de cine, y podría haber utilizado el recurso de las mil y una películas que han usado su música para hablar de Springsteen. Por ejemplo, podría hablar de la primera vez que escuché un tema suyo ("Hungry heart") en una película, "Risky bussiness" (Paul Brickman, 1983), o podría recordar el Oscar que ganó por el tema principal de de "Philadelphia" (Jonathan Demme, 1993).
Incluso podría hablar del cameo que protagonizó en una estupenda película cargada de buena música, "Alta fidelidad" (Stephen Frears, 2000)
... O de su especial relación con el director John Sayles, al que cedió tres temas para el que fue su primer trabajo para un gran estudio, "Baby, it´s you" (1983), y al que eligió en su momento para poner en imágenes algunos de sus temas más emblemáticos, como el estupendo "I´m on fire", en 1985.
Pero no. Esto lo escribo porque Bruce está en mi ciudad, y eso no suele pasar todos los días. Estamos otra vez en mayo, es verdad. Han pasado casi cuarenta años desde aquellas proféticas palabras de Landau, y ver a Bruce en directo sigue siendo una experiencia única. Por algo es el Jefe...































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