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Mucho se ha dicho del carácter agrio de Pepe Fernández para los contenciosos institucionales, aunque sus conocidos admiten que, en las distancias cortas, esas que enaltecen el concepto de la amistad, Pepe es un alma afín, leal y transparente.

Quizá haya algo de ambas cosas porque durante su etapa en el Puerto, a las órdenes de Luis Hernández, Pepe asumió la subdirección con un estilo discreto y diligente para las grandes obras de infraestructura que Hernández ideó junto a José Miguel Pintado.

Tras el cambio de José Manuel Arnaiz por Luis Hernández, Pepe pasó un tiempo en Santander hasta que el primer PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero le brindó la oportunidad de reorientar el rumbo del litoral español.

Fue una etapa trepidante para quienes un día pensaron que la revolución de la tecnocracia es tan útil como revulsiva. Ahí quedan los nombres de Augusto BritoEmilio Mayoral, Francisco Jiménez Cisneros, Fernando Palao.., y del propio Pepe Fernández, claro.

En la Dirección General de Costas, Pepe trató remover los expedientes de demolición en enclaves decisivos para el embellecimiento paisajístico, pero no evaluó (nadie es perfecto en la piel de toro) que en Valencia se levantaría un foro antiCostas que perjudicó a la excelentísima María Teresa Fernández de la Vega.

Pepe salió por la puerta falsa, sustituyéndolo Alicia de Paz, ex jefa de los servicios jurídicos de Puertos del Estado y con una reputación de firmeza de las que asustan.

Pepe pidió su reincorporación al Puerto de Las Palmas, pero Emilio Mayoral le planteó un reto desde el Cabildo: dirigir un nuevo foro, el Consorcio para la Rehabilitación del Sur turístico en Gran Canaria.

Un año después, Pepe tuvo que dimitir tras varias disquisiciones con el Ayuntamiento de Playa del Inglés. Pero antes de salir (lo hará en septiembre), ha sido lo suficientemente generoso como para garantizar una transición tranquila, dejando abierta la puerta para que su sustituto no incurra en los mismos errores de visceralidad territorial.

Y es que Pepe no entendió que del barranco de Tirajana para abajo mandan los tirajaneros. Ya se lo demostró Marco Aurelio Pérez al mismísimo José Manuel Soria y ahora el guante se lo suelta la alcaldesa, Mari Pino Torres.

¿Quién suena? Aunque se ocupará la plaza por concurso de libre designación, el principal candidato es Rafael Molina Petit, quien ya ha presentado sus credenciales en varios buzones.

Además de dinero y cualidades decisorias, al Consorcio le hacen falta dos cosas: mano izquierda y voluntad política de cambiar la cochambre de Playa del Inglés y San Agustín. ¿Lo conseguirá Fa? Antes del final de legislatura, seguro que no.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cómo se ha encendido la bahía de La Luz desde que es público y notorio que el consejo del Puerto de Las Palmas (el segundo Parlamento) baja de 25 a 18 miembros.

Muchos son los pretendientes que guardan fila como las colas de cualquier pub-chill-out de moda. Porque, llegado el caso, es tan importante dejarse ver como ser elegido.

Los cambios afectarán, sobre todo, a la Comunidad autónoma y al Estado, que cederán cuota para que los ayuntamientos no pierdan comba en una institución que influye en el planeamiento municipal.

Tal y como lo mandata la nueva Ley (entra en vigor este mes de agosto), los cabildos siguen gracias a una enmienda que coló el PSOE a petición de José Miguel Pérez en ultimísima instancia. Los ayuntamientos, en cambio, lo tienen crudo, pero Javier Sánchez Simón insiste en la continuidad de las corporaciones locales.

Así pues Jerónimo Saavedra y el representante de Arrecife (que al parecer cambiará otra vez) seguirán por ponderar más que Marcial Morales, pero el alcalde majorero ha puesto el grito en el cielo y Paulino Rivero le ha prometido que se caen al menos dos de sus representantes. Como el equilibrio con AM es indispensable para CC, Morales se quedará con uno de los dos cargos que cederá Rivero: Manuel Lobo (atento que va camino de ser nominado para el Parlamento) o Pepa Luzardo.

Luzardo da incluso por concluida su etapa portuaria después de casi siete años. Es más, el otro día estuvo más sumisa que de costumbre cuando se debatió el cobro por aparcar en el Muelle Deportivo. La ex alcaldesa lo tiene ya descontado, como Lobo, que no ha querido apartarse de la Autoridad Portuaria a pesar de que renunció a sus cargos en CC.

Con sindicatos y empresarios ocurre otro tanto. Juan Montero, ex Iberia, ha pasado sin pena ni gloria; discreto, disciplinado con el PSOE..., ha querido poner tierra de por medio ahora que vienen curvas en UGT a cuenta de Fundescan, porque, ¿visaba o no el sindicato las cuentas de la Fundación? Por lo tanto, Miguel Rodríguez no tendrá problemas.

En clave patronal, José Sánchez Tinoco no ha podido exhibir la sentencia triunfante a favor de su designación en el Puerto y ya sabe que caerá con la remodelación, en beneficio de Grisaleña y Rodríguez Castillo. En la cámara, Ángel Luis Tadeo goza de más mérito ante la interinidad de Fuerteventura y Lanzarote.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué fue del millón de euros invertidos en el Puerto de Tarfaya? ¿Y de los cursos formativos para la población de Tarfaya con cargo al erario público isleño que nadie fiscalizó y que, a día de hoy, se fueron por el fondo de un sumidero? ¿Es cierto que el Gobierno marroquí se plantea cancelar el contrato con Tarima? ¿Y qué pasa ahora con la potenciación de la línea de El Aaiún con Gran Canaria?

Un cacao del bueno, espeso y calentito le esperaría a más de uno si el PSOE hubiese puesto toda la carne en el asador en su acción parlamentaria, esa de la que tanto alardea pero que lleva a la práctica en contadas ocasiones.

Pero, ¿qué pasó en realidad en este humilde puerto de pescadores? Pasó lo que tenía que pasar: mucho ruido y pocas nueces por la parte canaria y un deseo real y sincero de las autoridades marroquíes con el fin de forjar una relación duradera y estable.

Muchos fueron engañados en su buena fe; otros se comportaron como tiburoncillos especuladores y algunos más se mostraron siempre escépticos.

Tarfaya está, por ahora, aparcada como puerto estratégico. El lanzamiento de la línea de Armas entre Gran Canaria y El Aaiún cambia el esquema.

Para la naviera es un acierto. Calma sus relaciones con Marruecos después del encallamiento del "Assalama", hace dos años, potenciando una ruta a los territorios prohibidos tácitamente por los gobiernos de Canarias y de España, y abre una vía con posibilidades de ser rentable a medio plazo.

Para los residentes marroquíes en Canarias, unos 40.000, sin contar a los 7.000 mauritanos que van y viene y a los 4.000 senegaleses, es una opción indudable para no subir a Algeciras (ahorro de tiempo y dinero).

Para los africanos, se trata de una excelente noticia porque consolidaría una ruta comercial negada hasta ahora por las autoridades españolas.

Y para la economía canaria es, simplemente, un camino de esperanza para explorar un terreno abonado a las pymes. En un plazo de tres o cuatro años, medio centenar de pymes podrían operar sin complejos, como en el pasado, en El Aaiún y sus ciudades colindantes.

¿Y dónde queda Tarfaya?

Si los parásitos del sistema y los aprovechados de turno se apartan del proyecto, Tarfaya es un complemento que ensambla todas las posibilidades. Por ejemplo, la iniciativa del grupo canario Planificaciones Mundiales para edificar un centro de logística en el anexo de la carretera hacia El Aaiún es una apuesta de futuro clara, seria y comprometida. Los flujos de transporte por carretera ganarían en seguridad y distribución para poblaciones que superan con creces el medio millón. Quién sabe incluso si el puerto podría tener alguna actividad para embarcaciones específicas, siempre que haya voluntad y ética entre partes, porque lo observado hasta ahora ha enojado a Marruecos hasta el punto de que se plantea, seriamente, rescindir los acuerdos con Tarima, la empresa que debía gestionar el desarrollo del puerto. Quizá, algún día el PSOE se interese por el millón de euros de Adán...

Rabat, además, ha conferido a Tarfaya el estatus de provincia, designando incluso un gobernador con autonomía plena, sin dependencia de otras localidades. Se ganará en flexibilidad administrativa y en la llegada de fondos y subveciones. Ahora bien, la cuota canaria debe ser transparente sin codicias ni cuotas participativas a través de los cursos de formación que se impartieron en este pueblo al que se le debe, incluso, un reconocimiento público por las autoridades locales, como mostrarles su agradecimiento por la cantidad de vidas que salvaron de una tragedia el día que encalló el Assalama. Ojalá, ojalá...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Si por alguien me da pena el nuevo episodio aciago de Tarfaya es por los 7.000 habitantes que depositaron magnas ilusiones en un proyecto que, con el devenir de los años, destila cierto tufillo especulativo.

Tarfaya es un emplazamiento geográfico que sedujo a los imperios español y portugués hace seis siglos.

España mantuvo su pabellón como Cabo Juby hasta los sesenta, cuando pasó a la soberanía marroquí. 

Ahí se paró el reloj de esta pequeña localidad que un día encadiló al autor del Principito y que ha servido de inspiración a cientos de autores que han transitado por El Sáhara en busca del espíritu perdido del desierto.

 

Mientras la carretera de El Aaiún recorría sus entrañas, este pueblo de pescadores mantuvo un poco de ritmo económico, pero desde que se construyó una vía alternativa hacia el interior (a unos cinco kilómetros), Tarfaya cayó en el olvido como tantas otras veces.

A mitad de la década pasada, al ex presidente Adán Martín se le ocurrió una idea tras escuchar a José Carlos Mauricio pregonar los principios de la vecindad en un punto geográfico que no tuviera nada que ver con El Sáhara Occidental. 

--Luis, Luis (a Padilla), busca un lugar en Marruecos. Hazlo rápido... Mira a ver cómo podemos montar algo con lo que demos una campanada ante los empresarios.

-Me pongo a tus órdenes, presidente.

2005 y 2006 eran años frenéticos en El Sáhara Occidental. La ex colonia hervía por los cuatro costados. Se había levantado una miniIntifada, las protestas eran habituales y el Polisario atraía una expectación mediática como en años, aunque, sin saberlo, estaba cavando su fosa...

 

Esos años eran particularmente intensos para la política de vecindad diseñada por la UE, de cara a integrar España y Marruecos en una red de vasos comunicantes. De hecho, florecieron partidas específicas para Andalucía y Canarias y se crearon programas alternativos con el fin de acercar las dos orillas.

Mauricio fue el primero en hablar de Tarfaya, porque estaba "por encima del paralelo 27", una referencia que evitaba la suspicacia del largo y tortuoso conflicto saharaui.

Pero, como casi siempre, Gran Canaria habla y Tenerife actúa.

Adán Martín era presidente y Mauricio, consejero de Economía. Los galones pesaban y el gran jefe ordenó mimetizar las exploraciones de Cabo Verde en Marruecos, pero con resultado desigual.

Alguien muy avispado de Presidencia habló con un tal José Luis Delgado para que montara algo en la olvidada Tarfaya. Delgado es un ejecutivo trabajador, sesudo y analista, ahijado de uno de los cerebros más privilegiados de la política canaria, Rodolfo Núñez.

Delgado tenía experiencia en transporte marítimo y aéreo y asumió el desafío. Incorporó un paquete de socios con tentáculos transversales en la Administración y el sector privado y, venga, a pincelar el futuro.

La verdad, es que este autor, fue testigo de una evolución meteórica en Tarfaya, incluso, la idea en su conjunto era buena. Acercar Canarias a Marruecos por su punto más próximo (98 kilómetros) desde Fuerteventura y generar sinergias entre ambas orillas.

Se encargaron proyectos de remodelación del vetusto muelle y el Gobierno destinó un millón de euros a la rampa de la punta del minidique marroquí. A cambio, Marruecos ponía 3 millones para dragar el fondo y amplias la explanada.

Sin entrar en detalles (lo dejamos para otros capítulos), el proyecto vio la luz en 2008, dos años después de idas y venidas interminables a Tarfaya por El Aaiún. Tarima Maroc (así se llama la empresa que dirige José Luis Delgado) convenció a Antonio Armas y éste, como empresario de olfato que es, probó suerte.

Fuerteventura era una fiesta y Tarfaya, un jolgorio de los que hacen historia. Una señora de La Gomera invirtió su cuenta corriente en la habilitación de una casa en seis apartamentos. Otro señor de Gran Canaria se hizo con los derechos de explotación de un pequeño hotel (con restaurante con pescaito fresco) a pie de playa. La ilusión se apoderó de los locales hasta que una triste tarde de abril de hace dos años provocó el encallamiento del "Assalama", en el fondo arenoso. Ahí Tarfaya escribió el epílogo de una efímera aventura marítima con Canarias.

Pero, ¿qué fue del millón de euros? ¿Y de los cursos formativos para la población de Tarfaya con cargo al erario público isleño? ¿Es cierto que el Gobierno marroquí se plantea cancelar el contrato con Tarima? ¿Y qué pasa ahora con la potenciación de la línea de El Aaiún con Gran Canaria?... (Seguirá...)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Séptima y última cesión. La pájara isleña. En dos años, Martínez ha sucumbido a la pájara canaria y Casa África se ha contagiado de un clima de inacción que en poco o nada beneficia a Canarias.

 

La pájara es una actitud ante el tiempo. En el fútbol es muy habitual la desmotivación que los más entendidos achacan a la panza de burro. Es el atributo preferido de los aplatanados, pero en la Administración, en cambio, es una virtud gloriosa que permite ganar mandato sin molestar a nadie. Comodidad de la plana.

 

En las cuestiones africanas se trata ahora de inocular esa pájara en cualquier esquina, sobre todo, porque el consejero de Economía y Hacienda, José Manuel Soria, no cree en la institución. Los que conocen al vicepresidente saben que su modelo de gasto público no va por la cooperación altruista por la sencilla razón de que no revierte en los contribuyentes. Ese dinero a fondo perdido tiene poco de edificante y mucho de derrochador y, si no, que se le digan al presidente de Senegal, el octogenario Abdoulaye Wade, que acaba de inaugurar, junto a Robert Mugabe, el dictador de Zimbaue, un monumento farónico para coronar sus 50 años de independencia.

 

Al parecer, Wade le pidió a Martínez que acudiese a los fastos senegaleses en una reciente entrevista en Dakar, pero tras alguna consulta telefónica, Exteriores recomendó que nos quitáramos de en medio ante la incomodidad que se avecinaba con Mugabe y unos cuantos más cuestionados democráticamente.

 

El monumento es un canto a la libertad propio de regímenes autoritarios, como el norcoreano, que fue el encargado de esculpir tan basta réplica de la censura comunista de Asia.

 

Sin Wade o con él, en Casa África han solicitado la mediación de la Presidencia del Gobierno para impedir el inevitable recorte en el presupuesto. Y a Martínez le han reclamado resultados para contrarrestar la ofensiva que prepara la nueva viceconsejera, Rosa Rodríguez.

 

Con la reducción financiera, la institución se vería abocada al adelgazamiento de plantilla y como el volumen de enchufes es tan denso como una central eléctrica, la dirección va a sufrir de lo lindo. Sobre todo, cuando toque decidirse por los que menos cuña tienen. A ver quién es el primero (o la primera) en llamar a Rabat para hablar con papá.

 

Al fin y al cabo, qué importan los resultados si la crisis lo devora todo, como el Plan África II, del que nunca más se supo. La institución, para pena colectiva, se ha convertido en una oportunidad perdida, en un cajón de sastre donde cabe todo en esa mal llamada solidaridad española, temerosa hace cinco años del terrorismo islamista, de la inmigración ilegal y del tráfico de estupefacientes que recorre toda la cornisa occidental del continente.

 

El discurso inaugural de Paulino Rivero reclamando la dimensión geoestratégica de Canarias se ha difuminado en una institución instalada en el placebo político. Ni Martínez, con todo su dilatado currículo, se salva de la quema. Quizás, es hora de pedir un relevo, un cambio inminente a ver si los siguientes prueban mejor suerte. El Gobierno regional ya está en ello. ¿Se acuerdan de Juan Ferrer? Después del verano, seguro, cuando CC y PP tensen un poco más el pacto y se negocien cuestiones colaterales con Madrid. Ya se han dado varios toques en Exteriores. Al parecer, Canarias quiere la dirección general y ya hay un candidato que dará que hablar, que cree incluso en el Magreb. Eso o se baja el presupuesto. El objetivo: se acabaron las cesiones ante Madrid, al menos, en las relaciones exteriores con el continente vecino.

Casa África (4)

 

Sexta cesión. El minué de Martínez. No iba desencaminado Ortiz con la conspiración que se montaba a su espalda. Todo empezó en 2008 con un correo electrónico a favor de los saharauis remitido desde de la dirección por una asistente técnica a los organizadores de un foro a favor de la autonomía.

 

El correo fue publicado por este periódico y Alfonso Ortiz tuvo que darle explicaciones personalmente a Moratinos, y la diplomacia española sabe que el ministro admite casi todo menos un pronunciamiento (en cualquier dirección) sobre el controvertido asunto de El Sáhara Occidental.

 

En ese momento, en Madrid se tomó la decisión de relevar a Ortiz. Y como todos los cambios, sólo necesitaba tiempo.

 

Meses después hubo una reunión en Las Palmas del consejo directivo. Ortiz ya  estaba destituido en las altas esferas. El encuentro fue de trámite porque hasta en la presidencia del Gobierno se conocía que el candidato era Ricardo Martínez. CANARIAS7 dio fe de esa maniobra en una crónica firmada por el autor de este blog, en la que se relataba el juego miradas de aquella tarde primaveral, con Moratinos, Rivero, Ruano, Casas, Martín Carbajal, Saavedra, Pérez y un largo etcétera. Nadie le dijo nada al director general... 

 

Siete meses después, Ortiz se marchaba a una pequeña provincia de Francia y Martínez abandonaba la dirección de la Agencia Española de Cooperación. Los pasos de baile se habían engrasado a la perfección.  

 

Su llegada a Canarias se acogió con satisfacción. África surfeaba en una ola singular. Un año antes, del G-7 condonaba 50.000 dólares a 18 países; España aprobaba el Plan África; la Cámara de Comercio Americana de Juan Verde aglutinaba en Canarias a lo mejorcito del empresariado y Al Gore hablaba en Tenerife sobre el cambio climático. El continente estaba más de moda que nunca.

 

El Consejo Asesor para el Comercio con África (un híbrido mitad Canarias, mitad Estado) resucitaba como por arte de magia y el Icex de Rafael Molina Petit apretaba a Madrid para que aflojara cuartos en las ayudas al empresariado que se aventuraba en el continente vecino. Las cámaras de comercio, por su parte, vitoreaban el acercamiento africano y Proexca se convertía en el último reducto de José Carlos Mauricio para no verse descolgado de su visión africanista de la economía exterior. De hecho, organizó unas jornadas en Agadir que, con el tiempo, demostrarían que son las únicas de las que se puede obtener financiación de Europa y de Madrid. Y si no que se lo digan ahora a Javier Mariscal con el Poctefex. Lo demás son cuentos chinos, con mucho ruido y pocas nueces.

 

Séptima y última cesión. La pájara isleña. En dos años, Martínez ha sucumbido a la pájara canaria y Casa África se ha contagiado de un clima de inacción que en nada o casi nada beneficia a Canarias (...continuará).

Quinta cesión. Los fichajes. La llegada de Alfonso Ortiz y la ascensión de Luis Padilla frente a la candidatura de Elsa Casas se convirtió en la comidilla del comercio exterior de una Canarias entregada a la hoguera de las vanidades de la bonanza económica. África era cabecera de titulares; el G7 anunciaba grandes medidas que se concretarían en 2007 con una histórica condonación de deuda; la Administración Bush prometía erradicar la lacra del terrorismo de Al Qaeda a cambio de inversiones y programas como el Africom; y España empezaba a configurar las bases de su primer plan en el continente. La guinda la ponía una soleada sede de dos plantas llamada Casa África.

Pero la elección de Ortiz fue aciaga. Llegó en 2006 con la vitola de diplomático entrañable, pero enseguida se cansó de unas islas alejadas y poco eruditas en política internacional.

Hay una imagen que lo dice todo de la indiferencia con la que Ortiz miró al Archipiélago: la entrega de llaves del edificio, uno de los capítulos más surrealistas que ha vivido esta institución y que desconoce la mayoría porque testigos oficiales sólo hubo dos (Ortiz y José Carlos Mauricio), arropados ambos por media docena de periodistas.

Era una mañana primaveral, con una tediosa panza de burro. La jefa de prensa de Mauricio, Marta Cantero, citó a los medios a las once, para retratar uno de los últimos momentos estelares del consejero, consciente de que su silenciosa labor en la Casa apenas tenía eco ni reconocimiento. Meses antes, Adán Martín lo había afrentado en la sede de Presidencia.

En una concurridísima audiencia en la capital grancanaria, Moratinos, Martín, Soria, Luzardo, Melchior..., y un largo etcétera de la corte isleña, firmaban el protocolo de Casa África en medio de una inusitada expectación. África era la reina de corazones como lo había sido la Zona Especial (ZEC) 10 años antes.

Pero los detalles dan tanta información como los papeles. En el lado izquierdo de la Sala, Moratinos colocó a sus fieles (ojo, ya despuntaba Ricardo Martínez como regidor dela Agencia de Cooperación) y en el derecho, Martín dispuso a su antojo: Miguel Becerra y Luis Padilla en primera fila y, detrás, sin acceso a las cámaras y a las miradas, Mauricio, castigado de forma ejemplar. Fue una venganza descarnada, un gesto de descortesía impropio de un presidente, pero así es Canarias..., tan infernal como pequeña.

En la mañana del encuentro entre Mauricio y Ortiz no hubo chispa. Hasta las fotos quedaron desangeladas. Mauricio se alejaba del Gobierno y pensaba en su candidatura municipal y Ortiz añoraba un retiro tranquilo, relajado, sin agobios... Aceptó casi todos los enchufes, recomendaciones y proyectos para 6 millones de euros al año. Había dinero para mucho y la sede era gratis para su cuenta de resultados. Qué más podía pedir.

Ortiz estaba tan despistado como un pulpo en un barreño. Se sentó, se levantó, se volvió a sentar. La mesa de reuniones, impoluta y sin carpetas ni portátiles, relucía con olor a Pronto. "¿Y qué tal, cómo estáis?" Él no había convocado a la prensa y temía a Mauricio por lo que le habían contado: "Cuidado, Alfonso, cuando menos te los esperes te convencerá de todo. Fue comunista y ya sabes cómo se portaron en Mozambique y Angola". "Esto se retrasa", refunfuñó Ortiz con ese bigotito tan similar a los editores del cómic Roberto Alcázar y Pedrín.

Mauricio llegó a las 11.15, con una chaqueta azul Surf. Su saludo sonó a despedida... Decía adiós a una casa que ni siquiera lo iba a recordar. Ni placas, ni retratos, ni fotos... El consejero despreció a Ortiz en la distancia más corta, esa que sesga el honor con una sola ráfaga. "Toma Alfonso aquí tienes la llave de Ya es tuya. Ahora eres el responsable".

Mauricio se la entregó de pie, sin llavero, desnuda, ante la risa de los periodistas y el sonrojo del diplomático, que no daba crédito. Así, de sopetón, fue la rendición de Bredas de esta Casa de los suspiros y del dispendio de recursos (24 millones de cuatro años). Moría una esperanza.

Ya sólo quedaba completar el cuadro directivo. Adán Martín colocó a Luis Padilla en la secretaría general ante una pujante Elsa Casas por la que apostaba Ricardo Melchior. Padilla y Ortiz jamás se entendieron cuando el veterano diplomático comprobó la amistad que le unía a Ricardo Martínez. Es más, cuando lo destituyeron, Ortiz no se despidió de Padilla. Siempre confesó a sus colabadores (sobre todo, a Eloy y a Juan Jaime) que fue víctima de una traición.

Para contrarrestar la influencia de Padilla, Ortiz fichó a un director financiero, Eloy Martín. La convivencia fue durante dos años insoportable. Ortiz se había traído de Chile a un responsable cultural y la plantilla empezó a inflarse que dio gusto. Hasta un alto cargo de la Embajada española en Rabat metió baza.

El organigrama estaba completo. Adán Martín remató la faena nombrando a cinco de los seis representantes de la comunidad, con cinco de ATI, claro: Elsa Casas, Alberto Delgado, Pablo Martín Carbajal, Javier González Ortiz y el propio Martín frente a un desolado Mauricio. Un año después, en 2007, con la nueva legislatura, se repitió el esquema: entran Paulino Rivero y José Miguel Ruano por Martín y Delgado y Soria suple a Mauricio. Otra vez, Tenerife, 5-Gran Canaria, 1.

Sexta cesión. El minué de Martínez. No iba desencaminado Ortiz con la conspiración que se montaba a su espalda. Todo empezó en 2008 con un correo electrónico a favor de los saharauis (continuará...).

José Carlos MauricioCuarta cesión. Los negociadores. José Carlos Mauricio caminó sólo con el respaldo de María del Mar Julios. Lo hicieron con suma discreción y sin la participación de la ex consejera de Sanidad, Casa África no existiría. El entonces presidente, Adán Martín, se dio cuenta demasiado tarde y trató de abducir a Julios, pero la vicepresidenta ya había sellado el acuerdo con Mauricio.

Martín se enojó por decisión propia y por el monumental enfado de Ricardo Melchior, presidente del Cabildo de Tenerife. "No lo vamos a permitir, Adán. Prefiero que esté en Madrid. Ese palo no lo tragamos". Al ex presidente no le gustó el rumbo que tomaban los acontecimientos y estableció contacto directo con el Ministerio de Exteriores. Empezaron las negociaciones paralelas.

Para entonces, Mauricio tenía maduro el proyecto y Moratinos estaba más que convencido de la designación final, pero había que encajar al presidente de la Comunidad como validante de Casa África. Se dio paso así al teatro político, donde España es la reina de la escena.

Moratinos accedió a oir las peticiones de Adán Martín. "Ministro, Casa África es un instrumento esencial para la tricontinentalidad y el eje transfronterizo, pero vertebraríamos mejor la idea con dos sedes..." "No, una sede". "Bueno, ¿y Suramérica?" "Eso es otra cosa. Trabajemos por que Tenerife acoja el Instituto de Estudios Iberoamericanos". "Una cosa más, ministro. Quiero liderar el proyecto de Casa África". "Eres el presidente".

Mauricio tuvo acceso al contenido de la información y dio un paso hacia atrás. No le importó. Aplicó una máxima jesuítica: "Acudirás a territorios inexplorados, los conquistarás y cuando los demás lleguen, tú te marcharás y empezarás de nuevo donde no crece la cosecha... Es nuestro sino".

Los colaboradores de Mauricio saben que los retos le motivan. De nuevo, el lobo estepario de la política canaria abandonaba la cima sin bandera, dejando para otros la gloria del éxito.

La mediación de Martín dilató en más de un año la puesta en marcha de Casa África. El consorcio quedó constituido en 2006. Martín elegía al secretario general y a los seis representantes de la Comunidad autónoma; Moratinos ponía al director general. Mauricio se quedaba sólo observador y héroe en el anonimato.

Quinta cesión. Los fichajes. La llegada del desconocido Alfonso Ortiz y la ascensión de Luis Padilla frente a la candidatura de Elsa Casas (continuará...)

 

 

La crisis de imagen en la que ha derivado Casa África merece un recorrido histórico sobre la trayectoria de una institución que le ha salido demasiado cara a las arcas canarias, unos 12 millones de euros en cuatro años. 

Las expectativas que la sustentan (inserción de Canarias en las corrientes económicas, financieras y culturales del continente vecino) no se han cumplido ni por asomo. Su fracaso obliga a una seria reflexión para reorientar un rumbo que, ahora mismo, va proa al marisco.

Lo que mal empieza, mal acaba. Lo que se configuró como un éxito ante la Administración central propiciado por el peso nacionalista de CC, se ha convertido en una moqueta de salón repleta de conspiraciones, enchufes, confidencias y ambiciones de poder. 

Capítulo 1. El arranque

José Carlos Mauricio es una mente maravillosa cargada de genio y ocurrencia. Su visión de futuro es criticada por la globalidad mundana y por la élite que le teme, pero a veces acierta a rabiar. Con Casa África volvió a sellar un pleno al 15, pero su reino no es de este mundo cuando se trata de que Gran Canaria asuma el liderazgo. 

Casa África nació diezmada. Se cedió tanto para implantarla en el Archipiélago, que las dosis de su eficacia se esfumaron desde el principio.

De no ser por CC, que cedía votos en Madrid a cambio de mejor financiación y más autonomía, la Casa jamás se hubiera trasladado a las Islas. En Andalucía y Madrid no se lo creían. Y en Cataluña y Valencia andaban con una mosca de las que duelen. Pero Mauricio mantuvo el timón y el ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que admitía la chispa del diputado isleño, le aceptó el reto si se cumplían una serie de condiciones casi imposibles. Esas exigencias se transformaron en cesiones permanentes hasta que al ministro no le quedó otro remedio que claudicar; luego vendría lo de la ubicación insular, los fichajes..., pero, por ahora, ésa es otra historia.

Primera cesión. El edificio. Exteriores dejó claro que no tenía dinero ni para alquilar y, mucho menos, comprar. "Así que dense prisa en buscar un alojamiento, porque otras comunidades compiten igual o más", espetaron en el Ministerio a un Mauricio que empezaba a creerse la idea.

El ex diputado y ex consejero de Economía caminó tanto como en la ruta de Santiago. Sorteó obstáculos en Patrimonio, habló con varias consejerías y, al final, encontró a una receptiva María del Mar Julios en Sanidad que le cedió el antiguo centro de vacunaciones del Obelisco, un edificio estratégico colocado junto a la Delegación del Gobierno, pero que precisaba de un lifting de urgencia.

Segunda cesión. Los arreglos. Como si prestar un inmueble fuese un acto de solidaridad cotidiana, Madrid volvió a desanimar a Canarias. "No hay dinero. La reforma corre de tu cargo, José Carlos". De nuevo Mauricio cabalgando solo y Julios mostrando un apoyo incondicional. Canarias lo pagó todo. Los despachos sobre los que sientan los ejecutivos, la pintura, el ascensor, la cartelería..., todo, todito, todo. Pero no era suficiente.

Tercera cesión. Ámbito de influencia. "Ni se te ocurra hablar de Marruecos. Ahí no te vamos a dejar entrar.." (continuará)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pues quién lo iba a decir. Todavía no nos hemos recuperado del impacto social de la huelga de hambre de Aminatu Haidar en Lanzarote, y llega la Comisión Europea y nos dice de golpe que es factible invertir dinero público en El Sáhara Occidental, el territorio en disputa más viejo del planeta que lleva 35 años de bloqueo y fatiga institucional en Naciones Unidas.

Ahora que también el Cabildo de Gran Canaria premiaba a Haidar, que la Universidad de Las Palmas ultima unas jornadas de peso para la independencia del Sáhara o que se prepara una cumbre de periodistas canario-marroquíes en Tenerife para abril (con exposiciones de arte incluidas), llega la UE y borra de un plumazo cualquier duda.

Si lo cuestiona, consulte la web del proyecto comunitario de cohesión entre España y Marruecos, denominado Poctefex, y comprobará dónde engloba Bruselas los territorios del Sur. ¡En Marruecos!

De hecho, en la asignación de fondos que le toca a Canarias, unos 5 millones de euros, se recogen dos proyectos de ejecución en El Sáhara, uno en El Aaiún, que desarrollará la Fundación Canaria de Emprendedores y Discapacitados y otro (éste sí que es sabroso) de la Presidencia del Gobierno a través del Instituto de Ciencias Marinas. Al parecer, el Ejecutivo va a estudiar todo el litoral saharaui y prevé incluso implantar un campo marino de ostras en Dajla.

Como la polémica está servida..., que cada cual saque sus conclusiones. Pero por vez primera, Bruselas se moja y, lo que es más llamativo, todos los proyectos están financiados en un 25% por el Ejecutivo autónomo.  

PD: No confundir con el Interreg que diseñó la Cámara de Comercio para la Macaronesia, porque ahí la UE fue muy astuta y dejó la parte financiera en El Aaiún para las instituciones locales canarias y marroquíes.

Preguntas a la guarida

¿Por qué molestó tanto la pregunta del diputado socialilsta José Ramón Funes sobre la tardanza de Tarfaya?

¿Es cierto que el Gobierno canario bajará la asignación a Casa África a cuenta de que el PSOE domina la mayoría del plenario?

¿Qué pasa con el funcionario mejor pagado de Proexca? ¿Preguntará el PSOE por su nombre y parentesco?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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